LATIDOS DE SANTIAGO

División Territorial







SAntiago

Santiago


Colaboración: Nurys Rivas






LATIDOS DE SANTIAGO
“Así nació Santiago”

Santiago, la ciudad Corazón, marca con sus latidos el sentimiento de su gente. En la época precolombina formaba parte del cacicazgo de Maguá y Maguana, Ciguayos y Taínos, fueron precursores de su cultura.



En 1495, Cristóbal Colón, estableció el Fuerte de Santo Tomás en la parte que hoy es el Municipio de Jánico y en pleno valle del Cibao, el Almirante estableció otra fortaleza, a la cual nombró Santiago, el 25 de julio de 1495, se da como la fecha probable de la fundación de la ciudad.
Un patrimonio de patrióticas luchas que parecen un legado del ave Fénix, forma parte de su historia, ya que más de una vez ha sido destruida, resurgiendo entre escombros o cenizas.

Siendo ya una ciudad edificada en piedra, fue destruida por un terremoto, debiendo sus habitantes, ser trasladados  a otro lugar; fenómenos similares la abatieron de nuevo en diferentes períodos, el último de los cuales fue en el año 1946.
Desde 1508, cuenta la Villa de Santiago con su escudo de Armas otorgado por Fernando el Católico, Rey de España. Unas décadas más tarde fue de nuevo asolado por otro terremoto que destruyó además a otras ciudades cercanas. El sismo esta vez sepultó bajo la mampostería de las modestas construcciones, los cuerpos de sus habitantes.

Fue entonces cuando la ciudad fue restablecida a orillas del Río Yaque del Norte, donde actualmente se encuentra.

Las ruinas de Jacagua son la evidencia histórica que forma parte de las raíces  culturales de la ciudad Corazón.

Saqueada en 1660, destruida por los haitianos en 1805. Escenario de la gloriosa Batalla del 30 DE Marzo de 1844, capital del país en el gobierno presidido por el general Desiderio Valverde.

Sede de movimientos libertadores en 1861 en contra de la Anexión a España, uno de los cuales derivó en la ejecución de Eugenio Perdomo y otros valientes.

Incendiada el 6 de septiembre de 1863, es de nuevo destruida en lucha contra los españoles, siendo declarada por segunda vez, capital del Gobierno Restaurador presidido por José Antonio Salcedo.

Santiago, segunda ciudad en importancia del país,  es hoy en día una urbe emprendedora, capital de la pujante y progresista región del Cibao.


LATIDOS DE SANTIAGO
“Don Fernando León Asencio”


Santiago está de luto por la muerte del empresario Don Fernando León Asencio, sucedida este miércoles 29 de Octubre 2009, luego de padecer una larga enfermedad; su muerte ha constituido una sentida sentida manifestación de dolor en todo el país.




Bajo la tutela de Don Herminio León, su tío, fue que  aprendió a amar la tierra y la siembra de la planta que identifica la firma León Jiménes, el tabaco.


Al igual que sus hermanos, y la empresa familiar, se caracterizó por su calidad humana, fue además uno de los fundadores del Centro Cultural Eduardo León Jiménes, en cuyos jardines, se construyó como homenaje a su amor por la naturaleza, un aviario que lleva su nombre.


Los restos del reconocido hombre de negocios, fueron sepultados en el Cementerio de la calle 30 DE Marzo, en el mausoleo familiar.


LATIDOS DE SANTIAGO
“CIEN AÑOS EN CIEN INSTANTES”


Los espacios exteriores del Gran Teatro del Cibao, son una panorámica abierta, que muestran en libertad, diversos aspectos del arte.
Esta vez la periferia del templo del arte de Santiago, se cubre con los detalles de la exposición “100 Momentos en la Vida de Juan Bosch”.




Es una excelente muestra donde puede admirarse el pensamiento ideológico y político del profesor Bosch; el evento se enmarca en el contexto de los 100 años del nacimiento del ex Presidente de la República Dominicana.


La Comisión Nacional Centenario, Fundación Juan Bosch y el Comité Provincial de Santiago, en conjunto con la Fundación Patria Visual, presentan a los pueblos del Cibao, esta reseña pictórica, fotográfica y hemerográfica, como parte de los homenajes al fundador del Partido de la Liberación Dominicana.


Componen la muestra, escenas de la niñez y adolescencia de Don Juan, así como acontecimientos relevantes de su vida política, aspectos gráficos sobre el primer gobierno democrático presidido por él, instaurado en 1963 y derrocado unos meses mas tarde, así como otras reseñas de nuestra historia más reciente, de las que el destacado político fue protagonista .


Se incluye además en la exposición, una recopilación de los vínculos ideológicos y políticos del Profesor Juan Bosch, con personalidades de otras naciones de América.



“El Coche”

Santiago, la capital del Cibao, es la ciudad dominicana que mejor guarda sus tradiciones, Santiago es Santiago, amante de su cultura, histórica, heroica.



Dentro de las cosas que marcan la vida de esta ciudad, está el Coche, un elemento que forma parte de su ayer y permanece todavía.

Hasta el 1810, era éste el único medio de transporte que existía, en ese mismo año, llegaron a Santiago, los dos primeros vehículos de motor, importados desde Estados Unidos por el Señor Manuel López, la misma persona que trajo los primeros coches.

Diez centavos por carrera, era la suma que cobraban los cocheros y si el recorrido era muy amplio, por ejemplo, de la Junta de los dos Caminos, hasta Marilópez, se cobraba cuarenta centavos. Se hacían también carreras a Moca, Montecristi y otros pueblos.

De estilo Victoriano, los primeros vehículos de este estilo, fueron destinados al transporte de pasajeros. Elegantes y tirados por dos caballos de muy buen aspecto, transitaban airosos por las calles del pueblo, carentes de asfalto, levantando chispas cuando las herraduras de acero de los caballos, chocaban con las piedras.

De color rojo vino con letras negras, elegantes, con mucha clase y de elevado costo. Los cocheros de antaño llevaban kepis y uniformes, portaban además revólver.

El coche siempre ha sido un vehículo dedicado para ir a las festividades, en el carnaval, era la carroza donde desfilaba la reina, decorado hermosamente, desde las ruedas, hasta los caballos. Para las fiestas del Patrón Santiago, el desfile iba acompañado de paso doble lento, al toque de trompeta. En las bodas, una gran cantidad de coches desfilaban engalanados formando el cortejo.

El coche era también usado en festividades patrióticas, el estacionamiento era en las cercanías de la Catedral y el Parque Central, actual Parque Duarte.

La insigne educadora Ercilia Pepín, introdujo una novedosa modalidad para el uso del coche: Mandaba preparar unos veinte de estos vehículos y sacaba de paseo a sus alumnas por las afueras de la ciudad, donde disfrutaban de un día de campo.

A pesar de que con el paso del tiempo llegaron vehículos de motor a Santiago, el coche no desapareció por completo, ya que Rafael Trujillo, ordenó la permanencia de su uso. Contribuyó también a su uso continuo, el mal estado de las calles, que causaba inconvenientes a los primeros autos.

Un acontecimiento histórico como la muerte del Presidente Mon Cáceres, el 19 de noviembre de 1911, acaeció cuando éste transitaba en la capital dominicana por la Avenida Independencia, en un coche de estilo Victoriano.

También eran usados para acarrear cargas en el Hospedaje Yaque, el uso actual del coche, está destinado casi en exclusivo al uso de turistas, éstos permanecen bordeando el Monumento y los lugares del centro histórico de Santiago.

El coche es parte de Santiago, está en su esencia, en sus raíces contribuyendo a que se mantengan vivas sus tradiciones.


“Literas en República Dominicana”

En un pasado no muy reciente, teníamos en el país el uso de literas, no para conducir magnates poderosos, como era el uso principal en los países de donde provenía, sino para transportar enfermos, idéntico uso que daban a las literas, griegos y romanos.



La litera usada en otra época en Dominicana, no era el coche sin ruedas conducido por caballerías de fastuosos arreos, originario de La India, la nuestra, era un catre de lona resistente, de cuyos lados salían unos palos paralelos flexibles que servían de armazón, a un toldo hecho de sábanas y colchas de color rojo que tenían una simbología cabalística: “Lo rojo llama vida y el blanco, llama mortaja”.

La litera nada tenía que ver con la parihuela en que eran conducidos los cadáveres del campo a la ciudad, aunque existe cierta confusión con respecto a ambas, debido a que los campesinos solían llamar litera a esa escalera portátil sobre la que colocaban el ataúd, asido a sus barrotes transversales.

Por la mala calidad de los caminos, trillados entre la maleza por el paso del hombre, la litera, era el medio de transporte más útil.

También era usada por la gente que carecía de medios y residía en lugares apartados, a cuyo “fundo”, de penoso arribo, tenían que ir. Dada su lamentable situación, a ellos les era casi imposible, costear la visita de un médico, que no siempre llegaba con semblante amable, luego de las peripecias acontecidas por el mal camino y peor carretera.

Toda litera que se respetara, tenía que cumplir ciertos detalles: Debía llevar una mujer que se encargara del cuidado personal del enfermo, si éste era un hombre casado, esa misión correspondía a la esposa y en su defecto a su madre, en ausencia de ambas, alguna comadre entrada en años o “jubilada” de ciertos escrúpulos, propios de la mujer que había cancelado ya sus cuentas con el mundo, suplía la falta.

Si el hombre estaba amancebado, estaba prohibido a la amante o querida acompañarle, a menos que estuviera dispuesta a contraer matrimonio, en artículo de muerte, si fuera preciso.

Era normal que tras toda reunión terminada a tiros, pasaran al día siguiente varias literas camino a la ciudad más cercana, al tiempo que se desplazaban grupos en busca de los culpables. Si la herida sangraba, era de gran arraigo popular la creencia de el heridor, se encontraba entre los que cargaban la litera.

Al piadoso trajín de una litera, se presentaba el obstáculo de un pantano que hacía casi imposible su avance, esta adversidad era salvada por la vecindad servicial y condolida del séquito ambulante. La travesía era muy riesgosa, plagas de mosquitos, tábanos y otras alimañas, hacían casi imposible la marcha de humanos y bestias.

Otras veces, la litera, a pesar de su carácter austero, se utilizaba en tareas muy diferentes, cuenta una anécdota que un tipo, atraído por una hermosa moza de un campo, se hizo el propósito de ir a una fiesta que ofrecían en casa de ésta, que distaba unos diez kilómetros, que el joven tuvo el coraje de caminar a pie por carecer de montura y medios para procurarse una en alquiler. A las tres de la tarde ya estaba frente a la casa de su enamorada, pero el diablo que no duerme, le reservaba una burla: La fiesta se había suspendido por la muerte súbita de un tío de la muchacha y como se estilaba entonces, ella no podía dejarse ver por el duelo.

El hombre ante su fracaso, tuvo la ocurrencia de gastar una broma al sencillo vecindario para evitarse la amargura de una nueva jornada de camino, ya que si con la promesa de ver a su amada, la jornada fue dura, el regreso sería peor. Se fingió víctima de un dolor y empezó a pedir que no le dejaran morir lejos de su familia, por lo cual, decidieron llevarlo en una litera.

Cuando estaban próximos a llegar, el “enfermo” pidió con angustia que le dejaran bajar para cumplir con una imperativa necesidad de su cuerpo y cuando se vio en tierra, empezó a reír con desenfadada carcajada, esto fue un insulto para la bondad de sus conductores, mientras el burlador echó a correr, los de la litera, empezaron a dispararle, las balas silbaban sobre su cabeza en medio de la oscuridad de la noche.

El uso de literas en nuestro país, se remonta a épocas muy lejanas, en el libro “Memorias de Don José Cruz Limardo”, fechado en Venezuela en 1841, hay un capítulo donde el autor dice textualmente: “Lo más loable de las costumbres de los pueblos de Santo Domingo, es la unión que se conserva, tanto en ciudades como en campos, porque hay la costumbre de trasladar todo enfermo a la ciudad en literas.

Hasta los propietarios ricos, cargan la litera un cuarto o media legua, sin preguntar siquiera quien es. Pobre o rico, bástale el deber para ir a la ciudad cuando sale un itinerario, a caballo y a pie, entrando de casa en casa, sin saludar dice “litera”. A esta voz todos se mueven y corren al camino. Hallé esta costumbre muy importante y cuando asistí a estos enfermos, sentí un gozo inexplicable al ver la naturalidad con que se presentaban las señoras, como en sus casas, a dar al enfermo alivio de todo género.


“Ercilia Pepín, Maestra Dominicana”
Santiago, año 1921
.
“No podré ir a representar a mi país, llevando credenciales suscritas por los jefes de las fuerzas invasoras de mi Patria”.


Quien en esa época, en un escenario minado por los invasores, tuviera la osadía de escribir la nota que encabeza este escrito, tenía que ser una persona valiente.



Ercilia Pepín, educadora y civilista, fue la autora de esas palabras que enorgullecen la estirpe de la mujer dominicana.

Nace en Santiago de los Caballeros, el 7 de diciembre de 1884.

Exponente y precursora de los derechos y deberes civilistas, se adelantó a su tiempo, propugnando la preparación intelectual de la mujer e instaló la Junta Provincial de la Acción Cultural feminista de Santiago. Su coraje la llevó a desatar la furia del poder dominante, evidenciando en sus acciones, una total oposición hacia la invasión norteamericana.

Como educadora, daba el máximo de su tiempo y conocimientos, enseñaba a sus alumnos a ser civilistas y les inculcaba apego a los valores patrios, a la tierra.

En su labor educativa, elevó el nivel de la enseñanza trazando normas y portando muchas veces de sus propios recursos para lograr su objetivo. Laboró gratuitamente durante doce años por cuatro horas diarias y pagaba además, de su propio peculio, el salario a dos profesores.

La escuela dominicana debe a esta insigne educadora, muchas conquistas; fue una luchadora consumada por la educación y la soberanía.

Confección de uniformes escolares, composición de himnos estudiantiles, tratamiento disciplinario entre alumnas y profesoras, son parte de sus logros. La graduación de cientos de Maestras Normales, fue otro de sus avances como educadora.

Obra suya es también, la celebración del 30 de marzo, fecha que pasaba desapercibida para Santiago y el tributo y recuerdo a todos los héroes de las diferentes gestas patrióticas acaecidas en tierra dominicana.

El Panteón Nacional, surgió también de una idea suya, concebida por el patriotismo, hacia las glorias nacionales.

Ercilia Pepín descolló en 1911, desplegando una campaña a través de la escuela y la prensa, siendo la tribuna Del Ateneo Amantes de la Luz y el Club Santiago, los portavoces de sus reclamos que enfatizaban mayormente, la falta de patriotismo y cultura cívica, en casi todos los habitantes de la nación.

Como defensora de la soberanía, escribió una hermosa página de heroísmo. Sus preocupaciones en ese sentido se manifestaron desde el inicio de la Intervención Norteamericana, de 1916. Sus protestas contra este hecho, tomaron carácter de campaña que crecía en la medida en que se pisoteaban, a plena luz del día, los derechos de la Patria.

Preparó unos folletos donde pedía la salida del país de los invasores con una encendida defensa de la soberanía nacional. Durante ese período, no cesó su jornada nacionalista, orientada hacia el logro de la desocupación del territorio.

En el año 1821, el gobierno militar de ocupación, le extendió un nombramiento, como delegada de la República, ante el Congreso Panamericano, que iba a celebrarse en Baltimore. Ella rechazó el nombramiento, aduciendo que no podía abandonar el país, con credenciales firmadas por fuerzas extranjeras.

Al cesar en 1924, la ocupación, alumnas del plantel que ella dirigía, elaboraron la bandera que ondeó en la Fortaleza San Luis. En el momento en que era izado el pabellón, a los acordes del Himno Nacional, más de doscientas damas que acompañaban a la maestra, se arrodillaron dando gracias a Dios.

Era destacable en ella, su espíritu americanista, en el que cabe señalar su gesto ante el luchador anti-imperialista, Augusto César Sandino, valiente hijo de Nicaragua que arrojó de su tierra, a los invasores del Norte. Las alumnas del Colegio Méjico, bordaron una bandera nicaragüense que fue enviada al héroe con una elocuente epístola de la Señorita Pepín, en fecha 15 de mayo de 1928. El gesto fue respondido con una hermosa carta.

Con el arribo al poder de Rafael Trujillo en el año 1930, Ercilia presintió que de nuevo la Patria estaba en peligro, fue cancelada como maestra del Colegio Méjico en 1931, esto se produjo como represalia, porque ella había colocado a media asta la bandera, en señal de luto por la muerte de los Hermanos Andrés y César Perozo, ordenadas por él.

La educadora muere en Santiago el 14 de julio de 1939, sus restos reposan en el Cementerio Municipal de Santiago, en un mausoleo que ella misma diseñó, aquejada de la enfermedad que la llevó a la tumba.


 


 









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