Historia Dominicana

Primeros pobladores de la isla de Santo Domingo

Los primeros pobladores de la isla de Santo Domingo pertenecían a grupos aborígenes provenientes de las cuencas de los ríos Orinoco, en Venezuela, y Xingú y Tapajos, en las Guyanas. Se fueron estableciendo a través de cuatro grandes oleadas migratorias:

  • Primera oleada migratoria: siboneyes, pueblos con una cultura de concha que habitaban a la orilla de ríos, pantanos, ensenadas y bahías. No tenían alfarería ni agricultura. Ocuparon algunas partes de la isla.
  • Segunda oleada migratoria: correspondiente al nivel arqueológico denominado igneri , pertenecían al gran tronco arahuaco. Fueron los que más desarrollaron la alfarería.
  • Terceraoleadamigratoria: fruto de la gran expansiónarahuaca. A partir de estetercer gran grupo de poblaciónes que se comienza a originar un desarrollo cultural independiente de las tradicionesaborígenescontinentales, formándoseasí la llamadaculturataína.
  • Cuartaoleadamigratoria: caribestambiénprocedentes de la familiaarahuaca, pero con característicasparticulares. Erangrandesnavegantes, bienejercitadosen el uso del arco y la flecha, antropófagos. Realizabanconstantesincursionesen la parte oriental de la isla, asediando a lospobladostaínos. Se mezclaron con lostaínosdandolugar a losciguayos, loscuales se situaronen las regiones que hoy se conocencomoSamaná, Río San Juan, Cabrera y Nagua.

Hacia finales del siglo XV los taínos dominaban casi la totalidad de la isla.

 

Alimentación

Eran agricultores, pero también vivían de la caza y de la pesca. Cultivaban yuca, maíz, batata, lerén, maní, ají, yautía, piña y tabaco. Apreciaban mucho la carne de mamíferos roedores como jutías, quemíes y mohíes, además de cazar iguanas, culebras, cotorras, palomas y patos. Por medio de la pesca de mar y de río, se alimentaban de lisas, jureles, pargos, dorados, róbalos, dajaos, camarones, jaibas, lambí y manatíes, entre otros. Y se sabe que gustaban asimismo de comer gusanos, caracoles, murciélagos, arañas y otros insectos.

De la yuca elaboraban una especie de pan que llamaban cazabí (hoy casabe). Debido a su uso extendido entre los conquistadores españoles, dada la falta de harina de trigo, se le dio el título de “pan de las Indias”.

 

Viviendas y alfarería

Sus viviendas, o “bohíos”, eran de dos tipos: el caney, de base circular y techo cónico, sostenido interiormente por un poste central alrededor del cual se disponían otros postes; y la que utilizaban preferentemente los caciques, de forma rectangular, más amplia, con techo a dos aguas y, a veces, dotada de un zaguán o marquesina para recibir a las visitas. Ambas edificaciones se construían con los mismos materiales: yaguas y bejucos.

A partir del barro y del fruto del higüero, los taínos fabricaban diversas vasijas y utensilios para sus labores diarias, tales como ollas, burenes y tinajas, cestas, cucharas y vasos. Para la navegación, construían sus canoas utilizando un solo tronco, generalmente de caoba o ceiba. Dormían en hamacas.

 

Estratificación social

  • Naborías. Se encontrabanpordebajo de la poblacióncomún. Eransiervos que trabajaban para mantener la riqueza de las clasesgobernantes o “principales” (caciques, nitaínos y behíques). Se piensa que erandescendientes de igneris que habíansidosometidospor las poblaciones que terminaronconstituyendo la culturataína.
  • Poblacióncomún. Susbieneserancolectivos.
  • Behíques. Integrantes del grupo de losprincipales, eransacerdotes que actuabancomointermediarios entre los hombres y los dioses; tambiénhacían de curanderos.
  • Nitaínos. Formabanparte del grupo de losprincipales; asistían a los caciques.
  • Caciques. Jefes políticos, tenían a su mando una determinada jurisdicción o señorío territorial.

 

División política

Cuando se produce el Descubrimiento, los taínos de la isla de Santo Domingo estaban organizados en cinco grandes confederaciones o cacicazgos, cada uno bajo el mando de un cacique:

Cacicazgo  Cacique 
Marién  Guacanagarix
Maguá  Guarionex
Maguana  Caonabo
Higüey  Cayacoa
Jaragua o Xaraguá  Bohechío

 

Familia y sucesión

La población común era monógama; en cambio, la poligamia regía entre los caciques y nitaínos. Los hijos (en promedio, de tres a cinco) eran educados por sus padres y madres y por los ancianos del clan. El clan familiar era exógamo. La línea sucesoral iba de los padres a los hijos mayores, y, a falta de éstos, pasaba al hijo o a la hija mayor de la hermana del muerto.

 

Religión, mitos y ritos

Sus creencias, mitos y pasado eran transmitidos oralmente a través de los cánticos bailados llamados areítos, en los que una persona principal recitaba las historias, repetidas en voz más alta por un coro que podía ser de mujeres, de hombres o mixto.

Uno de sus mitos relataba cómo el sol y la luna habían surgido de una cueva llamada Jovovava; otro contaba cómo el mar se creó al romperse una calabaza.

Efectuaban ritos religiosos para la curación de los enfermos. Antes de proceder al tratamiento, los behíques inhalaban tabaco y cohoba para vomitar y purificarse, y así ponerse en contacto con el cemí o dios que entonces decía lo que debían hacer.

 

Antecedentes a la llegada de Colón

Las dos rutas de comercio

El comercio practicado entre Europa y Oriente desde la Edad Media se realizaba mediante dos rutas: la de la seda, por la que se trasladaban mercancías en caravanas terrestres desde China hasta el Mar Negro, y allí se embarcaban a Constantinopla; y una segunda que presentaba dos trayectos distintos: uno hacía escala en Bagdad y Damasco, terminando en Palestina; el otro aprovechaba el Mar Rojo como vía de acceso a Alejandría.

La propuesta de Colón

Al apoderarse de Constantinopla en 1453, los turcos afectaron enormemente el comercio europeo-oriental. Se buscaron nuevas formas de llegar a Oriente. Cristóbal Colón planteó en diversas cortes europeas la propuesta de arribar al Este navegando hacia el Oeste; su idea se fundamentaba en la tesis de la redondez de la Tierra, formulada por los griegos, pero hasta entonces no demostrada. Basándose sobre todo en los textos Tractatus de Imago Mundi de Pierre d’Ailly, Historia Rerum ubique Gestarum de Eneas Silvio Piccomini, Los Viajes de Marco Polo , y probablemente en los informes del matemático y médico florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli, quien había escrito sobre la posibilidad de llegar a las Indias por el oeste, Colón realizó cálculos según los cuales la circunferencia de la tierra era de unos 30,000 kilómetros (10,070 kilómetros menos que la cifra real). De esta suerte, entre las islas Canarias y Cipango (Japón) habría de 2,400 a 2,500 millas náuticas, cuando en realidad esa distancia es cuatro veces mayor.

La aprobación del proyecto

Después de muchos años de peregrinar entre las cortes europeas, Cristóbal Colón encontró el patronazgo para su empresa. Los Reyes Católicos de España decidieron apoyarlo, sin duda gracias a la intercesión favorable de Antonio de Marchena, prior del monasterio de La Rábida, de Luis de Santángel, administrador por arrendamiento de los fondos de la Santa Hermandad y hombre de confianza del rey Fernando de Aragón, Diego de Deza y fray Juan Pérez, confesor de la reina Isabel I de Castilla. Esto dio como resultado la firma de las Capitulaciones de Santa Fe, el 17 de abril de 1492.

Las Capitulaciones de Santa Fe

Fueron redactadas por Juan de Coloma, secretario del rey Fernando de Aragón, y firmadas por la reina Isabel la Católica. Mediante ellas se le otorgó a Cristóbal Colón:

  • El título de almirante en todas las tierras que descubriese o ganase en la mar – océano, con carácter hereditario y con el mismo rango que el Almirante de Castilla.
  • El título de virrey (hereditario) y gobernador general en todas las islas o tierras firmes que descubriera o ganara en dichos mares, recibiendo el derecho de proponer ternas para el gobierno de cada una de ellas.
  • El diezmo del producto neto de la mercadería comprada, ganada, hallada o trocada dentro de los límites del almirantazgo, quedando un quinto para la corona.
  • La jurisdicción comercial de los pleitos derivados del comercio en la zona de su almirantazgo, según correspondiese a tal oficio.
  • El derecho a contribuir con un octavo de la expedición y participar de las ganancias en esa misma proporción.
  • El título de don.

Los preparativos del viaje

Se especula sobre el costo total del viaje del Descubrimiento. Se habla de que Luis de Santángel, respaldado por mercaderes sevillanos, prestó a la corona la suma de 1,140,000 maravedíes. El propio almirante cumplió con una cuota de 500,000 maravedíes, que fueron suministrados por los italianos Berardi, Jacobo di Negro y Luigi Doria. Las naves fueron adquiridas a un precio equivalente a los 360,000 maravedíes. Los hermanos Pinzón, en especial Martín Alonso, fueron fundamentales para obtener el enrolamiento de los marineros de Palos, que dudaban del éxito de la travesía. Además de andaluces, se enrolaron marinos sevillanos, vascos y de origen italiano y portugués.

Se abastecieron de agua y alimentos (harina, galletas, pescado salado, tocino y vino) para un periodo de seis meses.

Las embarcaciones

Tres fueron las embarcaciones del trayecto del Descubrimiento:

  • La Niña. Carabela de 52,72 toneladas. Tenía una tripulación de 20 hombres, al mando de los cuales estaba Vicente Yánez Pinzón.
  • La Pinta. Carabela preparada para resistir unas 90 toneladas, tenía una tripulación de 25 hombres bajo el mando de Martín Alonso Pinzón. Era la más veloz de las tres naves.
  • La Santa María. Nao o carraca de tres palos, estaba capitaneada por Cristóbal Colón y su tripulación era de 39 hombres.

 

El Descubrimiento

El primer viaje

El 3 de agosto de 1492 las naves zarparon del Puerto de Palos de la Frontera, en Huelva. Nueve días después hicieron escala en las Islas Canarias, donde arreglaron el timón de La Pinta y modificaron el velamen de La Niña. No fue hasta el 9 de septiembre que propiamente comenzó la gran aventura.

El 12 de octubre de 1942 se avistó tierra por primera vez, arribando a la isla de Guanahaní.

Territorios descubiertos

  • Guanahaní, isla del archipiélago de las Bahamas, cuyonombre actual es Watling. Fuebautizadacomo San Salvador.
  • Rum Cay, perteneciente a las Bahamas, bautizada como Santa María de la Concepción el 14 de octubre.
  • Long Cay, perteneciente a las Bahamas, se la llamó La Fernandina.
  • Crooked Cay, otra isla del archipiélago de las Bahamas, recibió el nombre de La Isabela.
  • Cuba, a la que llamaron Juana, el 28 de octubre.
  • Haití o Babeque (hoy isla de Santo Domingo, compartidapor la RepúblicaDominicana y la República de Haití). Colón la bautizócomo La Española o La Hispaniola, que significa “pequeñaEspaña”, el 5 de diciembre de 1492.

Conquista y colonización

Primer asentamiento español en el nuevo mundo. Debido a que la nao Santa María había encallado frente a las costas de Babeque o Haití, se hacía imposible que toda la tripulación pudiera regresar a España con la embarcación que quedaba, ya que La Pinta y su capitán Martín Alonso Pinzón se habían separado del grupo un mes antes para buscar por su cuenta la isla que los aborígenes llamaban Babeque. El almirante decidió dejar un pequeño grupo de hombres en un fuerte militar construido con los restos de la nave destruida. Este emplazamiento se situó en lo que hoy se conoce como Punta Picolet, en el extremo noroeste de la isla, y se le denominó “La Navidad”, porque el naufragio ocurrió el 25 de diciembre. Diego de Arana, Pedro Gutiérrez y Rodrigo Escobedo quedaron a cargo del fuerte y de sus 39 hombres. Los europeos que allí quedaron contaban con el apoyo del cacique Guacanagarix, quien desde el momento del desembarco se había mostrado muy amistoso con los extranjeros.

Primera muestra de resistencia. Bordeando la isla hacia el este, y habiéndose reencontrado Martín Alonso Pinzón y Colón, las naves La Pinta y La Niña llegaron juntas a la Bahía de Samaná, en la que por vez primera vieron a aborígenes apuntando con arco y flecha. Fue por ello que se le puso a la zona el nombre de “Golfo de las Flechas”. Los pobladores del lugar eran ciguayos y macoríes.

Primer enfrentamiento armado. El Cacique Caonabo y su gente destruyeron el fuerte de “La Navidad” y mataron a todos sus hombres en represalia por los abusos que cometieron algunos de ellos en contra de los nativos y sus mujeres. Según el relato que hizo el cacique Guacanagarix a Colón cuando desembarcó en La Española en su segundo viaje, miembros de la dotación del fuerte habían arrancado de sus hogares a algunas taínas y maltratado a sus esposos.

Primer poblado español de América. Primera misa. Al llegar a La Española en su segundo viaje, y a pesar de la destrucción del fuerte, Colón decidió edificar en la isla una pequeña villa al estilo español. Su nombre fue La Isabela y se situó en la desembocadura del río Bajabonico. Se construyó rápidamente, y el 6 de enero de 1494 el padre Boil celebró en ella la primera misa del continente.

Régimen de las factorías. Fue el primer esquema económico implantado por los españoles. Basado en las experiencias portuguesas en la costa occidental de África, consistía en la explotación del trabajo asalariado de los españoles, el sometimiento de los aborígenes, su venta como esclavos en España, y la imposición de tributo en oro en polvo o algodón. La explotación de las riquezas naturales y de la fuerza de trabajo indígena sólo podía hacerse en provecho de la Corona y de Colón, no de los particulares. Esto ocasionó malestar entre los españoles, quienes pronto se rebelaron, además de que los taínos en su mayoría no resistían el viaje hacia España, muriendo de tristeza en el camino o llegando a la metrópolis en muy mal estado.

Rebelión de Roldán. Incómodos con el régimen de factorías, con la manera en que Colón y sus hermanos gobernaban, con la precariedad de la vida en La Española y el impedimento de regresar a España, varios grupos de españoles trataron de levantarse en armas contra la administración de la incipiente colonia. Un primer intento de insurrección ya en 1494, dirigido por Bernal Díaz de Pisa, pudo ser sofocado por Colón. Pero un segundo tuvo éxito.

Francisco Roldán, Alcalde Mayor de La Isabela y antiguo criado del Almirante, inició su rebelión, consiguiendo el apoyo creciente de los colonos, pues reivindicaba el derecho a buscar oro en provecho personal, a disfrutar del trabajo de los indios, a tomar aborígenes por esposas, así como la libertad para retornar a España. Exigía también la abolición del tributo a que estaban obligados los aborígenes.

En 1498, todas las poblaciones y fortalezas españolas ubicadas en La Española, salvo las poblaciones de La Vega y La Isabela, se habían unido a Roldán. A Cristóbal Colón no le quedó más remedio que ceder, firmando en 1499 las Capitulaciones de Azua. Por medio de éstas se nombraba a Francisco Roldán como Alcalde Mayor a perpetuidad de la ciudad de Santo Domingo (que ya había sido fundada), se otorgaba amnistía a todos los rebeldes, se les concedía el derecho de retornar a España cuando lo quisiesen, de unirse con las taínas y de utilizar la mano de obra aborigen en la búsqueda de oro para provecho personal. También se les concedió el pago de los salarios atrasados aunque no hubiesen trabajado en los últimos dos años, y se les entregaron tierras para que hicieran que sus esclavos taínos las trabajaran. Este fue el origen del sistema de encomiendas.

Destitución de Cristóbal Colón. La forma en que Colón manejó el levantamiento de Roldán produjo descontento en la Corona española, puesto que personas que pertenecían a los estratos más bajos de España se hacían con el dominio de la empresa colonizadora y adquirían una más alta posición económica que facilitaba un posible ascenso social. Decidieron entonces destituir a Cristóbal Colón de su cargo de gobernador de la isla y enviaron a sucederle a Francisco Bobadilla, quien al llegar en agosto de 1500 ordenó de inmediato la encarcelación de Colón y sus hermanos, enviándolos con grilletes a España.

Sistema de Encomiendas. Bobadilla no pudo imponerse a Roldán; muy por el contrario, tuvo que aceptar casi en su totalidad lo acordado en las Capitulaciones de Azua, y redujo de un tercio a un onceavo los impuestos que los españoles debían pagar a la Corona por el derecho a la búsqueda de oro a título personal. Aún el siguiente gobernador, Nicolás de Ovando, que llegó en 1502 para someter a los ‘roldanistas’, y que se deshizo de Roldan y sus allegados más próximos embarcándolos hacia España (fallecieron en un naufragio al dejar la isla), tuvo que afianzar el reparto de tierra y taínos, ahora favoreciendo a sus hombres. De este modo quedó formalmente establecido el sistema de encomiendas (por una Real Provisión expedida el 20 de diciembre de 1503), que pasó a ser el fundamento de la estructura económica de La Española y la América conquistada en las primeras décadas. Por este mecanismo se asignaban de manera vitalicia tierra y aborígenes a los colonos españoles, quienes los hacían trabajar de manera intensiva en las minas, en la extracción de oro y en las labores agrícolas, a cambio de catequizarlos y ‘velar por su bienestar’.

Primero considerados por la Corona como ‘vasallos libres’ que debían pagar tributo a los Reyes (1501), los indígenas pasaron así, bajo la excusa de su evangelización y civilización, y ante la necesidad imperiosa de conseguir oro por parte de España, a ser plenamente esclavos.

Reducción de la población taína. El trato brutal dado a los indígenas (considerados como propiedad dada en justa recompensa por la labor de conquista) ocasionó una merma en su salud y en sus años de vida, la cual llegó a niveles tan alarmantes en el caso de La Española, que su población se vio rápidamente disminuida. Los taínos llegaron a suicidarse en masa y a realizar abortos como única salida a la explotación. De unos 400,000 que existían en la isla a la llegada de Colón en 1492, pasaron a 60,000 en 1508.

A esto, por supuesto, también contribuyó la violencia encarnizada que desató frey Nicolás de Ovando contra las comunidades aborígenes que se resistían a la esclavitud. Degolló, quemó, ahorcó a poblaciones enteras sin considerar la edad o el sexo de las víctimas. Era la esclavitud o la muerte. En la matanza de Jaragua atacó a traición luego de haber sido recibido y atendido como visitante distinguido por la cacique Anacaona.

La disminución de la mano de obra nativa obligó a los colonos a importar indios de las islas Lucayas.

El sermón de adviento. Frente a la brutalidad del trato dado a los aborígenes, surgió la voz de protesta de los frailes dominicos, encabezados por Pedro de Córdoba, Bernardo de Santo Domingo y Antonio de Montesinos. En un hecho sin precedentes en la historia, estos sacerdotes del imperio conquistador dieron la voz de alarma respecto al sufrimiento inflingido a los conquistados, generando con ello todo un debate sobre el derecho a la conquista, la guerra justa o injusta y la condición de hombre que repercutiría a escala mundial y terminaría siendo una de las bases para la formación de lo que hoy conocemos como el derecho internacional público y los derechos humanos.

En Santo Domingo, el cuarto domingo de adviento, fray Antonio de Montesinos diría desde el púlpito las siguientes palabras (“Ego vox clamanti in deserto”):

“Para dároslos a conocer me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto, conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensasteis oír… Esta voz dice que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto, que en el estado [en] que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.”

Las Leyes de Burgos. La campaña en defensa de los aborígenes propició una serie de discusiones organizadas por la Corona española en las ciudades de Burgos y Valladolid. En estas sesiones en que participaron letrados y teólogos, el análisis giró sobre la condición humana del indígena: si era un ser inferior que carecía de alma, y por tanto merecía el tratamiento que le daba el encomendero; o si la tenía, y entonces era necesario un tratamiento que facilitara su libertad y evangelización. Tras casi un año de debates, en diciembre de 1512, son aprobadas las Leyes de Burgos, mediante las cuales se reconoció el carácter “racional” de los indígenas, y se dispuso lo siguiente:

  • Derecho a disfrutar de una alimentación apropiada.
  • Derecho a disponer de hamacas para dormir.
  • Exoneración del trabajo a las mujeresembarazadas.
  • Exoneración de las cargaspesadas a los hombres.
  • Prohibición de encarcelaciónensu contra.
  • Prohibición de loscastigosfísicos.
  • Gratuidad del bautizo.
  • Obligatoriedad de la enseñanzacristiana.
  • Obligatoriedad de construirsusbohíos junto a las casas de losespañoles.
  • Prohibición de la bigamia.
  • Limitación de la encomienda a unarazón de 40 a 150 indiosporencomendero.

Además, se creó el cargo de repartidor de indios, dependiente directamente de la Corona, a fin de solucionar los conflictos provocados por los repartimientos hecho por el gobernador de La Española, que en ese entonces era Diego Colón.

Estas leyes constituyeron el primer código de los españoles en las Indias. Se aplicaron primero en La Española, se extendieron después a Puerto Rico y Jamaica. Pero los derechos y garantías concedidos a los aborígenes nunca se dieron en los hechos, por lo que su exterminio siguió a toda marcha. Hacia 1514, en la primera colonia española de América sólo quedaban alrededor de 25,500 taínos; en 1517 la cifra cayó a 11,000; y entre diciembre de 1518 y enero de 1519 una epidemia de viruelas la redujo a 3,000.

 

La industria azucarera

Disminución de la población española. La escasez y concentración de la mano de obra indígena en unas pocas familias que conformaban la aristocracia colonial fue empujando, desde finales de la primera década del siglo XVI, al grueso de los españoles a emigrar a otros territorios que auguraban más posibilidades de riqueza. Esta situación se vio incentivada por los nuevos descubrimientos y conquistas en la América continental. Se calcula que en 1516 el número total de colonos en la isla era menor de 4,000 personas. Mientras que en 1528, la mayor parte de la población se había concentrado en la ciudad de Santo Domingo, habiendo desaparecido cinco pueblos. Ni el auge de la producción azucarera pudo detener la emigración.

Declive del oro. Tal fue la avaricia con que los conquistadores y colonos se lanzaron en La Española a la extracción del oro, que ya en 1515 su cantidad había disminuido muy sensiblemente. La merma de la mano de obra contribuyó al descenso de la actividad aurífera. En 1519, las minas de las colonias apenas produjeron 2,000 pesos de oro. A fin de mantener la vida colonial en la isla se decidió estructurar la economía sobre la base de otro producto de exportación, en este caso agrícola, el azúcar.

Primeros molinos. Si bien la caña de azúcar fue traída desde las Canarias en el segundo viaje de Cristóbal Colón (1493), no es hasta 1503, bajo el gobierno de Nicolás de Ovando, que un vecino de La Vega llamado Pedro de Atienzo produjo rústicamente melaza. En 1506, otro vecino de La Vega, de nombre Aguilón, empezó a preparar azúcar. Por su parte, Miguel de Ballester, alcalde de dicha población, construyó en 1514 un pequeño trapiche para la fabricación de azúcar.

Ahora bien, la iniciación de la producción azucarera con fines de exportación sólo se inicia alrededor del año 1510, cuando el bachiller Gonzalo de Vellosa, movido por el alza del precio del producto en el mercado europeo, construye un ingenio (a base de energía hidráulica) en el sur de la isla.

El cambio definitivo en la orientación productiva de la isla se efectúa en 1516, con el gobierno de los padres jerónimos, los cuales promueven la industria azucarera mediante la entrega de terrenos, el otorgamiento de préstamos y el suministro de facilidades técnicas, operativas y legales.

Auge del azúcar. La alta rentabilidad de la nueva actividad económica atrajo a los miembros de la clase gobernante y burocrática de la colonia. De esta suerte establecieron ingenios: Miguel de Pasamonte (tesorero), Juan de Ampiés (factor), Diego Caballero (secretario de la Real Audiencia), Antonio Serrano, Francisco Prado y Alonso Dávila (regidores), Francisco Tapia (alcaide de la Fortaleza de Santo Domingo), Francisco de Tostado (escribano de la Real Audiencia), Cristóbal de Tapia (veedor), Diego Colón (gobernador y en su momento “virrey” de la colonia). También se beneficiaron los señores que habían disfrutado de grandes encomiendas durante el período del oro.

Se sabe que en 1527 existían en toda la colonia 19 ingenios y seis trapiches funcionando a plena capacidad, su mayor parte en las riberas de los ríos Ozama, Haina, Nizao, Nigua, Ocoa, Vía y Yaque del Sur. La producción de azúcar mantuvo un ritmo ascendente durante los primeros 60 años; si en 1520 alcanzó una cantidad anual de aproximadamente 10,000 arrobas, en 1580 llegó a cerca de 90,000 arrobas.

La trata de negros. Nueva mano de obra. Dentro del contexto antillano es imposible hablar de industria azucarera sin tratar la mano de obra esclava negra. Las pesadas labores de los ingenios requerían de una fuerza muscular que tuviera un mayor rendimiento que la de los indígenas, aparte de que el número de estos últimos había menguado en extremo. De ahí que desde 1518, por autorización expresa del Rey Carlos I, comenzaran a otorgarse licencias o “asientos” para traer a América (y a La Española) negros bozales, los cuales, a diferencia de los ladinos, eran empleados en labores intensivas de producción. Africanos ladinos, es decir, occidentalizados en Europa e integrantes del séquito de servidores de nobles españoles, habían pisado tierra americana poco antes de 1501.

Para disminuir las posibilidades de sublevación, los propietarios de ingenios preferían importar esclavos africanos procedentes de diferentes etnias. Los grupos predominantes eran los zape, mandinga, congo, mondongo, biáfara, carabalí y los de lengua gelofe.

En promedio eran reclutados entre los 15 y 20 años de edad, si bien también eran aprehendidos desde los 9 años. Su faena de trabajo forzado era de hasta 18 horas corridas por día, e incluía domingos y feriados. Muchos morían de cansancio y por falta de sueño. Otros huían a los montes o se defendían mediante las armas.

Alzamiento de esclavos y manieles. A sólo cuatro años del inicio de la importación de negros bozales, es decir, en 1522, se produce la primera sublevación de esclavos africanos en América (en este caso, pertenecientes a la tribu de los gelofes). Se produjo en los ingenios de Diego Colón y Melchor de Castro, y ocasionó la muerte de 12 españoles. Fue sin embargo prontamente reprimida, pero esto no impidió que otros esclavos, individualmente o bien en cuadrillas o grupos, se escaparan. Según su situación, recibían los siguientes nombres:

  • Cimarrones. Los que se fugaban de manera individual y se establecíanenlosmontes para, desdeallí, atacar las unidadesproductivas y a loscolonosaislados. Estosataqueseranllamados “cimarronadas”.
  • Apalencados. Los fugitivos que se concentrabanennúmeroimportanteen un lugardeterminado, con fines de levantarseenarmas.
  • Manieles. Comunidades de negros que se establecíanen las montañas sin fines agresivos. Solo queríanvivirtranquilamente al margen de la opresiónesclavista. Fijaronsuspropiasreglas y hábitosculturales.

Sus lugares favoritos para poder vivir protegidos eran San Nicolás, en la Cordillera Septentrional; Ocoa y Rancho Arriba, en la cordillera Central; Punta de Samaná; el Cabo de Higüey, y Sierra de Bahoruco.

Líderes negros. Entre los más famosos líderes africanos que comandaron las revueltas y fugas de esclavos se pueden mencionar:

  • Juan Vaquero. Se alzó con un grupo en 1537. Andaban por las sierras del sur y atacaban a los colonos de las zonas aledañas.
  • Diego de Guzmán. ‘Cimarrón’ de San Juan de la Maguana que atacó dicha comarca.
  • Diego del Campo. Se había mantenido alzado por los alrededores de La Vega por cerca de 10 años. Al final se entregó a los españoles y, a cambio de su vida, se prestó a la persecución de sus antiguos compañeros.
  • Lemba. Quince añoshabíaduradoalzadoenarmasenHigüey, junto con otros 150 personas que le seguían. Se le atrapó y quitó la vidaen 1548.

Aumento y descenso de la población negra. En la década de los cuarenta del siglo XVI, la cifra de esclavos africanos oscilaba entre 60 y 500 por ingenio y/o trapiche, aunque hubo alguno (el ingenio de Melchor de Torres) cuyos trabajadores esclavos alcanzaron el número de 900. Se estima que para esos años la isla tenía unos 12,000 esclavos negros, frente a una exigua población española que no pasaba de 5,000 personas. Fruto de la incorporación de mujeres africanas a los fines de promover su apareamiento y reproducción, de la continua importación legal de esclavos y del contrabando que de estos existía, la cantidad total de africanos trabajando en ingenios, estancias y el servicio doméstico ascendió a 20,000 en 1568. Este número se vio fuertemente reducido debido a las epidemias que atacaron la isla luego de la invasión de Francis Drake en 1586. En octubre de 1606 se contabilizaban 9,648 esclavos.

 

Contrabando y piratas

La Casa de Contratación de Sevilla. A partir de 1503 comenzó a funcionar esta instancia, establecida por la Corona española a fin de controlar las actividades mercantiles entre España y las Indias, y poner bajo su monopolio toda la producción de sus colonias. En cada puerto de las tierras conquistadas se encontraban funcionarios encargados de supervisar la producción, cobrar los impuestos, llevar los libros de la Hacienda Real y dar permisos para navegar y comerciar. Las mercancías debían ser exportadas e importadas exclusivamente a y desde Sevilla (de modo excepcional a Sanlúcar y Cádiz); la política de monopolio proscribía el comercio con extranjeros. Dado que muchos productos no eran de fabricación española, por lo que debían ser importados a España antes de su envío a las Indias, el valor con que se vendían en La Española podía ser incluso seis veces superior a su precio original.

Inversionistas europeos que no querían quedarse fuera del negocio buscaron insertarse en la vida económica de Sevilla y, de esta suerte, mediante agentes, inversión en compañías y préstamos a comerciantes, lograron influenciar decisivamente la asociación de mercaderes del lugar para 1543. La inmensa mayoría del oro, la plata y los demás productos americanos que a mediados del siglo XVI llegaban a Sevilla iba a parar a manos de capitalistas y firmas extranjeras.

Enfrentamiento de las potencias europeas. La Reforma protestante, las intenciones imperiales de Carlos V, la dependencia económica de España respecto a Inglaterra, Francia y Holanda y la lucha por el dominio del Atlántico, hicieron que estos países se alinearan en su contra desde 1550. Aprovecharon el escaso desarrollo económico e industrial de España y la atacaron por su flanco más débil al fomentar el comercio ilegal, el contrabando y el corso, tanto en la península como en sus posesiones de ultramar.

Corso. El corso se remonta a fechas tan tempranas como los años veinte del siglo XVI. Se tiene conocimiento de que en 1522 un barco procedente de Santo Domingo con destino a Sevilla fue atacado por un corsario francés llamado Jean Florin, el cual se apropió de todo su cargamento de azúcar. En 1537, otro corsario francés atacó los poblados de Azua y Ocoa, quemando ingenios y casas y saqueando todo lo que pudo; mientras que en 1540 un barco que recién había zarpado del puerto de Santo Domingo fue asaltado por corsarios ingleses.

El sistema de flotas. A partir de la década de 1540, el pillaje de los corsarios se intensifica. En respuesta, las autoridades españolas deciden amurallar las ciudades de sus colonias y disponen que los navíos que operaban entre Sevilla y las Indias naveguen en flotas o grupos de barcos debidamente protegidos para así resguardarse de los posibles ataques. Este sistema de flotas establecía dos fechas anuales de salida desde España, y fijaba unos puntos precisos de partida y llegada: los puertos de Sevilla, Veracruz (México), La Habana (Cuba) y Nombre de Dios (Istmo de Panamá), por lo que el barco que viniera a La Española debía separarse de la flota al llegar al Caribe o a La Habana y recorrer solo el peligroso camino hacia el puerto de Santo Domingo.

Sir Francis Drake. El recrudecimiento de las tensiones entre España e Inglaterra, debido sobre todo a las medidas españolas para intentar impedir el comercio ilegal entre sus colonias y buques ingleses y holandeses, así como a la lucha por ciertos territorios americanos (la teoría del mare clausum contra la de ocupación efectiva ), movió a la Corona inglesa a dar apoyo financiero y político para saquear las indias españolas al navegante Francis Drake (1585).

Este atacó primero el puerto de Vigo, en España, y luego se dirigió a La Española, a cuyas costas arribó el 11 de enero 1586. Al día siguiente tomó la ciudad de Santo Domingo y allí se quedó, alojado en la Catedral, por todo un mes. Drake y sus hombres se dedicaron a destruir y a tomar todo lo de valor que encontraron a su paso: azúcar, cañafístola, jengibre, cueros, oro y plata, la artillería de la fortaleza, las campanas de las iglesias. Únicamente dejó la ciudad cuando recibió como compensación la suma de 25,000 ducados.

Contrabando. A pesar de los denodados esfuerzos de España, desde muy temprano fue evidente que le era imposible monopolizar el comercio de todas sus tierras americanas. En el caso de la isla de Santo Domingo, los altos costos y escasa variedad de productos provenientes de España, su ya precaria vida económica y su creciente marginalización respecto de otras colonias más favorecidas, en virtud de sus riquezas, por el gobierno español, ocasionaron que sus habitantes procuraran activamente el intercambio mercantil con europeos extranjeros. De ahí que el contrabando constituyera una de las bases de su economía. Portugueses, franceses, ingleses y holandeses mantuvieron contacto comercial con La Española a todo lo largo del siglo XVI, no obstante las medidas coercitivas que aplicó la Corona.

Esclavos, jabones, vinos, harinas, telas, perfumes, clavos, zapatos, medicinas, papel, frutas secas, hierro, acero, cuchillos, etcétera, eran comprados por los vecinos de La Española a cambio de azúcar, cueros, cañafístola, jengibre y tabaco. A finales del siglo XVI, los holandeses dedicaban anualmente veinte barcos de 200 toneladas al comercio exclusivo con Cuba y La Española.

 

Ocupación francesa del lado occidental de la isla

Devastaciones de Osorio. Tan importante llegó a ser el contrabando en La Española que a comienzos del siglo XVII la mayor parte de su producción era adquirida por franceses, ingleses u holandeses, y en menor medida portugueses, los cuales atracaban sus barcos lo más lejos posible de la ciudad de Santo Domingo (donde estaba asentada la burocracia real). Las zonas preferidas eran la norte y la occidental, con los puertos de Puerto Plata, Monte Cristi, Bayajá y La Yaguana. En esos poblados, el comercio ilegal llegó a tener un carácter regular y la anuencia y complicidad de las propias autoridades locales. Los propietarios de los hatos ganaderos radicados en el resto de la isla (incluidos los de la ciudad de Santo Domingo) preferían llevar sus reses hasta esas zonas y vender sus cueros a los contrabandistas, ya que recibían un mejor precio.

Esta “independencia” económica que mostraban los vecinos de la isla frente al gobierno español se vio incentivada por la penetración cultural que se verificó en “la Banda del Norte” –la región del contrabando–, donde se efectuaban bautizos protestantes con padrinos extranjeros, y en la que se confiscaron biblias luteranas.

La Corona tomó entonces una medida drástica: decidió despoblar el oeste y el noroeste de la isla. Las devastaciones de Osorio, denominadas así porque el gobernador de la isla que las efectuó se llamaba Antonio de Osorio, se efectuaron entre 1605 y principios de 1606. Como resultado, los poblados de la Banda Norte fueron destruidos.

Efectos inmediatos de las devastaciones de Osorio.

  • Destrucción de unos 120 hatos, lo que significó el abandono de más de cien mil reses y unoscatorce mil caballos que pasaron a engrosar el ganadocimarrón de la zona despoblada. Del ganadomanso que se criabaen la regiónsólomenos del 10% (unas 8,000 cabezas de ganado) pudosertrasladado a losnuevoslugares.
  • Destrucción de losingenios y trapiches del lugar, lo cualaceleró la decadencia de la industriaazucarera y, junto con la pérdida de ganado y plantaciones de cañafístola y jengibre, acrecentó la pobrezapadecidaentoda la colonia y la disminución de la importanciacomercial de Santo Domingo.
  • Favoreció el alzamiento de muchosesclavosnegros que se asentaronen las zonas despobladas.
  • Emigración de muchos de loshabitantesafectados a Cuba y Puerto Rico.
  • Despoblación de más de la mitad de la isla, que quedóentonces a merced de losextranjeros.

Las Devastaciones de Osorio no detuvieron el contrabando.

El situado. La pobreza generalizada que afectó a largo plazo a toda la colonia, debido a las despoblaciones de 1605 y 1606, hizo que mermaran en grado sumo las recaudaciones fiscales de la administración colonial, hasta el punto de que no alcanzaban a cubrir los gastos burocráticos ni el mantenimiento de la dotación de soldados destacados en Santo Domingo. De ahí que, entre otras medidas, como la reducción del número de soldados a la mitad, el Gobierno español otorgara a partir de 1608 una asignación subsidiaria anual que en este caso procedía de México, y que se conocía como “el situado”. Este subsidio se mantuvo durante todo el resto del siglo XVII.

Filibusteros y bucaneros. Apropiación de la Tortuga. En 1629, ingleses y franceses desalojados por los españoles de la isla de San Cristóbal se asientan en la isla Tortuga, adyacente a La Española. Si bien este establecimiento de extranjeros fue en tres ocasiones destruido por las fuerzas militares de la colonia (en 1630, 1635, y 1654), terminó por imponerse la presencia francesa. Ésta hizo de la Tortuga un centro de operaciones marítimas, militares y comerciales cuyo objetivo era conspirar contra los controles e intereses españoles y, más concretamente, adueñarse de los terrenos descampados de La Española, a la que denominaban “Tierra Grande”. De hecho, para 1648, dos grupos habían pasado a la costa norte de la isla, dónde cazaban ganado y cultivaban el tabaco. Se dividían en tres clases:

Filibusteros. También llamados “bandoleros del mar”, eran aventureros de distintas nacionalidades que se dedicaban a la piratería en las aguas del Caribe, asediando las embarcaciones españolas o portuguesas y sus puertos y ciudades del Caribe. Para reponer energías iban a la Tortuga.

Bucaneros. Se dedicaban a cazar las reses y cerdos cimarrones que por miles poblaban el noroeste de La Española. Allí se radicaron, trasladándose a La Tortuga cada cierto tiempo para vender el cuero que obtenían y abastecerse de pólvora, municiones y prendas de vestir. El nombre les viene del tipo de asador ( boucan ) en que ahumaban la carne con que se alimentaban.

Habitantes. Grupo de aventureros que había optado por dedicarse al cultivo de tabaco en la costa norte de la isla. Vendían este producto en La Tortuga.

Ataques a La Española. Durante la segunda mitad del siglo XVII, La Española fue asediada fuertemente por los países enemigos de España (Francia e Inglaterra), que querían hacerse con el dominio de la isla. Dos grandes campañas merecen destacarse:

  • Invasión de Penn y Venables: El 23 de abril de 1655 llegó a las aguas de Santo Domingo unaflotainglesacomandadapor el almirante William Penn y el general Robert Venables, y constituidapor 34 navíos de guerra, 7,000 marineros y 6,000 soldados. A pesar de sufuerza, fueronrechazadosexitosamenteporlos hombres y militaresespañoles, quienes gracias a unainteligenteestrategia no sólo les impidierontomar la ciudad de Santo Domingo, sino que ademáslosobligaron a huirenretirada y les provocaronalrededor de 1500 bajas. Fueestamismaflota la que inmediatamentedespuéslogrótomarennombre de Inglaterra la isla de Jamaica, que estabamásdespoblada y fue mal defendidaporlosespañoles.
  • Internamientotierraadentro de losfranceses: Establecidosdefinitivamenteen La Tortuga a partir de 1656, losfrancesesintensifican la campaña para irseadentrando y posicionandoen el “descampado” occidental de La Española y, enúltimainstancia, adueñarse de toda la isla. En 1668 se establecenenlosalrededores de la antigua ciudad española de Yaguana (en el extremo occidental de la isla) y crean un nuevopobladodenominadoLeoganne. En 1681, un censocifrabaen 7,848 la cantidad de personas que, bajo las órdenes del gobiernofrancés, habitaban la parteoeste de la isla.

Reconocimiento tácito. La Paz de Nimega, firmada en Europa en 1678, hizo que los gobernadores de las poblaciones española y francesa se acercaran, y que se estableciera un activo comercio de caballos, carne salada y cuero de vaca entre ambos grupos de pobladores (1680). Si bien esto no impidió enfrentamientos bélicos entre ellos (1690 y 1691, 1694), o que España reclamara la salida de los franceses de la isla, sí implicó que por primera vez se planteara la delimitación del espacio a ocupar. De manera informal y con absoluto carácter circunstancial, se proponía el establecimiento del río Rebouc o Guayubín como límite en la parte norte, mientras que por el sur se trazaría una línea imaginaria partiendo del curso de dicho río hasta la isla Beata.

Esta situación de reconocimiento tácito de la existencia de una colonia francesa en el margen occidental de la isla fue confirmada por el Tratado de Paz de Ryswick, firmado por Francia, Provincias Unidas, Inglaterra, España y Alemania, en 1697. Aunque su contenido no hace referencia a las colonias de esos países en América, sí sirvió de estímulo a la coexistencia relativamente pacífica –no sin problemas en cuanto a la fijación de las fronteras– de ambas poblaciones. Esto se vio apuntalado por el hecho de que en 1701 ascendiera al trono español el nieto de Luis XIV, Felipe Anjou (con el nombre de Felipe V), haciendo de España y Francia naciones aliadas.

Tratado de Aranjuez. El 3 de junio de 1777, luego de décadas de negociaciones y hostilidades entre ambas colonias con motivo de sus límites, se firma el Tratado de Aranjuez, que fija definitivamente el límite septentrional en el río Masacre y el límite sur en el río de Pedernales.

Saint Domingue. Desde el Tratado de Nimega de 1678, la parte occidental de la isla pasó a llamarse Saint Domingue. Su organización formal, no obstante, comienza a principios del siglo XVIII, cuando su territorio se dividió en los departamentos Norte, Sur y Oeste, dirigidos cada uno por un gobernador y un intendente general nombrado por el Rey de Francia. En estas tierras los franceses desarrollaron un intensivo sistema de plantaciones que permitía producir a gran escala café, cacao, algodón, índigo o añil y azúcar, y que convirtió en su momento a esta colonia francesa en la más rica del mundo.

El sostén de esa próspera economía era la mano de obra esclava africana, la cual era reclutada, de entre otros grupos étnicos, de congos, aradas, mondongos, nagos, ibos, caplaous y fangs. Eran sometidos a un régimen de trabajo cruel que acortaba su vida útil a un promedio de siete años. Al momento de su separación de Francia, la burguesía esclavista colonial y los pequeños propietarios blancos constituían el 6% de la población de Saint Domingue, los mulatos libres conformaban un 7% y los negros esclavos un 87% (alrededor de 610,200).

La convivencia de los esclavos en barracas colectivas permitió que de sus diferentes lenguas y del francés emergiera una especie de dialecto llamado creole.

Tratado de Basilea. Los radicales republicanos jacobinos que asumieron el poder de Francia declararon la guerra a España (junto a Holanda y a Inglaterra), la cual terminó con la firma del Tratado de Basilea el 22 de julio de 1795. Mediante este acuerdo, España logró recuperar posesiones perdidas en la península (Cataluña y las provincias vascongadas), a cambio de la cesión de la colonia de Santo Domingo. El estado de inestabilidad en que se encontraba Saint Domingue desde el inicio de la rebelión de los esclavos en agosto de 1791, dilató la toma de posesión de la parte oriental de la isla por parte de Francia.

Breve unificación de la isla. Amparándose en el Tratado de Basilea, Toussaint L’Ouverture, líder negro de la revolución de Saint Domingue, tomó posesión de Santo Domingo el 26 de enero de 1801, unificando la isla. Una de sus primeras medidas en la colonia española fue la abolición de la esclavitud; pretendía reorientar su economía productiva –basada en el hato ganadero– hacia la agricultura de explotación intensiva para fines de exportación. Este período de unificación fue, sin embargo, breve, ya que Napoleón Bonaparte envió una gigantesca expedición a luchar contra el revolucionario negro.

Ocupación francesa. En febrero de 1802 llegaron las tropas francesas comandadas por el general Charles Leclerc. Más de 10,000 soldados vinieron a acabar con la revolución de Saint Domingue y a recuperar el dominio de toda la isla. No pudieron terminar con el movimiento de liberación de la antigua colonia francesa, que dos años más tarde (el primero de enero de 1804) proclamaría la independencia de la República de Haití de mano de los combatientes Jean Jacques Dessalines, Alexandre Petion, Henri Christophe.

En cambio, gracias al concurso de los criollos-hispanos, la armada francesa sí pudo establecer su autoridad en la colonia de Santo Domingo, expulsando a las fuerzas de Paul L’Ouverture (hermano de Toussaint), y rechazando posteriormente las cruentas invasiones haitianas por parte de Dessalines y Henri Christophe en 1805.

El apoyo que los criollos-hispanos de Santo Domingo dieron a los franceses fue fundamental. Y es que muchos de ellos rechazaban las medidas tomadas por Toussaint, puesto que regulaban la propiedad y el uso de sus tierras, los obligaba a trabajar en labores agrícolas a las que no estaban acostumbrados y los desproveía de su mano de obra esclava. Además, la mayoría de la población, a diferencia de los habitantes de la ex colonia francesa, no se consideraba a sí misma como negra, sino formada por españoles blancos y mulatos.

De ahí que quien dirigiera las operaciones militares para expulsar de Santo Domingo a Paul L’Ouverture y para facilitar la entrada de los soldados franceses dirigidos por el General Kerversau fuera un militar criollo, don Juan Barón.

Emigraciones. Desde la firma del Tratado de Basilea en 1795, numerosas familias abandonaron Santo Domingo. La firma del mencionado Tratado, la invasión de Toussaint y las guerras contra las fuerzas haitianas hicieron que un gran número de pobladores fueran partiendo de la isla con destino a Puerto Rico, Cuba y Venezuela. La población criolla, acostumbrada a vivir en permanente pulso con los franceses del lado occidental por su tendencia a querer llevar la frontera más y más hacia el este, rechazaba la disposición que sin ningún miramiento a su composición social, historia y cultura la ponía bajo la autoridad gala y la unía con los habitantes del oeste de la isla. Únicamente apoyaron a las fuerzas napoleónicas cuando se dieron cuanta que éstas las librarían de los revolucionarios de Saint Domingue y que reestablecerían la esclavitud, como en efecto sucedió.

 

Guerra de Reconquista y España Boba

El gobierno francés de Santo Domingo, encabezado por el General Louis Ferrand, había favorecido las actividades agrícola y maderera en desmedro del sector que había ocupado el lugar principal en la vida económica de la colonia española durante más de dos siglos: el sector hatero. La impopularidad de esta política aumentó cuando se dispuso la prohibición de todo trato comercial con la parte occidental de la isla (ahora Haití), trato que se realizaba también desde siglos atrás y al que los conflictos e invasiones no habían puesto fin.

Cuando Napoleón invade España y hace prisionero a Fernando VII para obligarlo a abdicar al trono español, la población criolla, afectada por las políticas aplicadas y ofendida por la vejación a la que consideraba su “Madre Patria”, inicia un movimiento de sublevación que acabaría con el gobierno francés.

Guerra de Reconquista. La oposición a la ocupación francesa estuvo integrada por dos grupos principales que presentaban distintos intereses y finalidades:

  • Los comerciantes del sur, comandados por Ciriaco Ramírez (asistido por Cristóbal Húber y Salvador Félix), que plantearon la lucha por la abolición de la esclavitud y la proclamación de la independencia nacional.
  • Los hateros del este, comandados por Juan Sánchez Ramírez, uno de los emigrantes impulsados por la firma del Tratado de Basilea, que pretendían el retorno al fuero español.

El grupo de hateros, que era muchísimo más rico y poderoso y tenía más apoyo social, logró imponerse.

Fueron esenciales para la victoria criolla la batalla de Palo Hincado (7 de noviembre de 1808) y el sitio y bloqueo de la ciudad de Santo Domingo que durante ocho meses mantuvo el ejército de Juan Sánchez Ramírez.

Apoyos externos. El gobierno colonial de Puerto Rico, la República de Haití e Inglaterra suministraron hombres, armas, municiones y barcos a favor de los criollos en su lucha contra los franceses. El apoyo inglés fue decisivo, si bien la Corona británica cobró bastante caro su participación en la guerra: inmensas cantidades de troncos de caoba, todas las campanas de las iglesias, parte de la mejor artillería de la ciudad, y el compromiso de las nuevas autoridades coloniales de permitir la libre entrada de los buques británicos a los puertos y otorgar a sus productos el mismo tratamiento arancelario que el que se diera a los productos españoles.

Al terminar la Guerra de Reconquista, la colonia de Santo Domingo quedó devastada y en la más absoluta miseria. La situación no varió en los años siguientes, ya que el Gobierno de España debía afrontar las luchas internas de sus Cortes (acicateadas por intereses franceses), los movimientos de emancipación que emergían en sus grandes colonias de América del Sur y México, así como la amenaza que los Estados Unidos representaban para sus posesiones coloniales en América del Norte.

Miseria generalizada. Cinco administraciones o gobiernos coloniales se sucedieron entre 1809 y 1821, sin que se produjera un cambio sustancial en la vida económica de la parte oriental de la isla:

  • Agricultura casi en su totalidad de subsistencia.
  • Las exportaciones se limitaron al tabaco, algún cuero y, posteriormente, a maderas, algunas mieles y aguardiente.
  • Se redujo al mínimo la producción de café y cacao.
  • Ganaderíaarruinada.
  • Escasez de dinerocirculante.

Se tuvo que volver a solicitar el subsidio del situado que, en todos esos años, sólo arribó en dos ocasiones y por montos mínimos.

A continuación, un extracto del Compendio de la Historia de Santo Domingo (Págs. 25 y 26 del Tomo II, 1982), de José Gabriel García, que resume la vida en esa época:

“…que por eso llegó a tomar la época a que aludimos el nombre vulgar de la ‘España boba’, pues que eran tan pocas las necesidades exigidas por la vida social a causa de la miseria reinante, que no había pobres propiamente dichos, teniendo todas las clases relativamente las mismas necesidades. No se conocía la ostentación en el vestir, ni la moda variaba sino de tarde en tarde; no había teatros, ni paseos públicos, ni fondas, ni casas públicas de recreo o de prostitución en donde malgastar el dinero; de modo que una pequeña hacienda cultivada por ocho o diez esclavos, producía lo bastante para que una familia se considerara feliz, dando el mismo resultado cualquiera de los mezquinos sueldos que señalaba el presupuesto, con los cuales se conformaban los empleados del rey, a quienes la escasez de artículos de lujo y la baratura de los de consumo ordinario, les proporcionaba considerables ahorros. Los artesanos y los agricultores alcanzaban la satisfacción de sus necesidades a poca costa, y en medio de la sencillez de sus costumbres, los más infelices de los dominicanos vegetaban, más bien que vivían, tranquilamente, entregados a sus placeres favoritos: la mesa, el juego de gallos, los bailes nacionales, las corridas de toros y las festividades religiosas, situación que no llenaba de ninguna manera las aspiraciones de la gente pensadora, ni ofrecía la perspectiva de un risueño porvenir.”

 

La independencia efímera

La pobreza generalizada, la falta de atención por parte de España, la discriminación social de la minoría blanca hacia el grueso de la población, así como las influencias generadas por las revoluciones francesa y haitiana y los movimientos de emancipación americanos, propiciaron un ambiente generalizado de sentimiento anti-español. Se tiene conocimiento de las siguientes conspiraciones en el período que va de 1810 a 1821:

  • Conspiraciónindependentista de Manuel del Monte (clase media).
  • Conspiraciónindependentista de “lositalianos”. Enellaparticipó el líder de la Guerra de Reconquista Ciriaco Ramírez (clase media).
  • Conspiración del habanero don Fermín García (clase media).
  • Movimientoabolicionista e independentista de Mendoza y Mojarra (esclavos y libertos).
  • Movimientofronterizoseparatista pro-haitiano; fueimpulsadoastutamentepor el presidentehaitiano Jean Pierre Boyer (hateros, comerciantes, militares, mulatos y esclavos de la zona fronteriza).

El Estado Independiente del Haití Español. Había otro grupo de conspiradores, conformado por altos funcionarios del gobierno y del ejército, que procuraba deponer a la administración española para proclamar un estado independiente que se aliaría en confederación con el proyecto bolivariano de la Gran Colombia. A la cabeza de este movimiento estaba José Núñez de Cáceres, quien se había desempeñado como teniente de gobernador y asesor general, y que en 1821 detentaba el cargo de auditor de guerra y rector de la Universidad Santo Tomás de Aquino. Fue Núñez de Cáceres quien proclamó el “Estado Independiente del Haití Español” el primero de diciembre de 1821.

Invasión haitiana. La independencia proclamada por José Núñez de Cáceres habría de durar muy poco tiempo. El presidente haitiano, Jean Pierre Boyer, que había estado tratando de concitar el apoyo de los dominicanos de la frontera para la unificación con Haití, invadió el lado este de la isla y tomo posesión el 9 de febrero de 1822. Vino con un imponente ejército de 12,000 hombres, y sabía que Núñez de Cáceres no contaba con el apoyo de los blancos propietarios que eran pro-españoles, ni con las descontentas poblaciones esclava (pequeña) y mulata que vieron que la nueva Constitución no establecía la abolición de la esclavitud. Boyer, además, había logrado el apoyo tácito de los productores de tabaco y comerciantes del Cibao.

 

La dominación haitiana

Principales medidas del gobierno de Boyer.

En los planos jurídico y social:

  • Proclamación de la igualdadpolítica y social, estoes, eliminación de la esclavitud.
  • Modificación del sistema de propiedad y tenencia de la tierra. Así, el ladoeste de la islapasó del régimenespañol, basadoenlosterrenoscomuneros, la posesiónmúltiple e irregular de la tierra, al régimenfrancés (que era el que se aplicabaenHaití), que se caracterizabapor la propiedadprivadaabsoluta de la tierragarantizadaportítulosemitidospor el Estado.
  • Incorporación de representantesdominicanos ante el Congreso de Haití.
  • Creación de un Consejo de Notables para la administración municipal.
  • Establecimiento del matrimoniocomoacto civil.
  • Clasificación de loshijosenlegítimos y naturales (segúnnacierandentro o fuera del matrimonio).
  • Prohibición de losjuegos de azar y de gallos. Estosúltimossóloeranpermitidosen el campo, siempre que fuerasábado o domingo.
  • Instauración de la educaciónobligatoria, laica y gratuita.
  • Reclutamientoen el ejército de todoslosjóvenes de 16 a 25 años. Estohizo que la Universidad Santo Tomás de Aquino perdierasusestudiantes y, porende, tuviera que cerrarsuspuertas.
  • Prohibición del uso del idiomaespañolenlosdocumentosoficiales.
  • Limitación de la celebración de las fiestas religiosastradicionales.

En el plano económico:

  • Confiscación y reparto de: a) todoslosterrenos que no pertenecieran a particulares; b) losbienesmuebles e inmuebles y todas las rentasterritoriales y susrespectivoscapitales que otrorafueranpropiedad de la Corona española, asícomolos que eranpropiedad de la IglesiaCatólica; c) todoslosbienesmuebles e inmuebles de las personas que habíanemigrado antes y después de la unificación.
  • Obligatoriedad de todonuevopropietario de tierra (que comomínimotenía derecho a 76.8 tareas) de dedicarla al cultivo de frutos de exportación y de losvíveresnecesarios para susubsistencia.
  • Adscripción de todoslostrabajadoresagrícolas a la tierra; no podíandedicarse a otraactividad sin autorización previa. Sushijostambiénestabanobligados a dedicarse a la agricultura, debiendocontar con un permiso especial para poderir a la escuela. En principio, todoslos que no fueranfuncionarios del gobierno o tuvieranunaprofesiónreconocidadebíandedicarse a la agricultura.
  • Prioridaddada a loscultivos de café, cacao, caña de azúcar y añil, loscualesdebíanserexplotadossegún el sistema de grandesplantaciones al modofrancés.
  • Prohibición de la crianza de puercos o el establecimiento de hatosenextensiones de terrenosmenores a aproximadamente 380 tareas de tierra.
  • Suspensión del pago de lossueldos que lossacerdotes y miembros del cabildo eclesiásticorecibían del Estado.
  • Prohibición a losdominicanos de dedicarse al intercambiocomercial. Sólopodíanmercadear las personas de origenextranjero, losciudadanos de origenhaitiano y losrepresentantes de casas comercialesinternacionales. El dominicano que quisieradedicarse a dichaactividaddebíajuramentarsecomociudadanohaitiano.

Reacción de los dominicanos. Las disposiciones de Boyer suscitaron el rechazo de la generalidad de la población de la parte este. De una parte, la confiscación y reparto de tierras se vio en gran medida limitado, ya que la forma comunera de tenencia de tierras sin deslinde y delimitación exacta, así como la madeja de derechos de posesión, división, usufructo, venta y participación de que estaban afectados desde la era colonial, hacía muy difícil la determinación de los verdaderos propietarios y los derechos de cada cual. Por otra parte, el intento de imponer la agricultura con fines de exportación encontró la oposición de los grandes terratenientes y los pequeños campesinos que, en su gran mayoría, estaban habituados a vivir del hato ganadero, el cultivo de subsistencia y, en menor medida, del corte de madera.

El enfrentamiento que tuvo con la Iglesia Católica, la más afectada por las confiscaciones de terrenos y bienes, y el choque directo con el Arzobispo Pedro de Valera repercutieron también en la masa de la población que vio en estas y otras medidas (limitación de la celebración de las fiestas religiosas, prohibición de los juegos de gallos y de azar, obligatoriedad de las labores agrícolas, no uso del español en los actos y documentos oficiales, cierre de la universidad y reclutamiento militar de todos los jóvenes) un conjunto de políticas que contrariaba su sentir y ser nacional.

Aumentaba más el agravio el hecho de que las medidas económicas y los gravámenes fiscales impuestos a la parte este eran motivados por la obligación de pagar la suma de 150 millones de francos en compensación por los daños causados por la guerra de independencia haitiana, siendo dicha suma exigida por Francia exclusivamente a los habitantes de la parte francesa de la isla Santo Domingo.

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