Artes Visuales

lienzos repletos de color y sabor tropical … creaciones más allá de la tela” (Lo Dominicano/All Things Dominican)

Artes plásticas dominicanas

La pintura y la escultura han persistido en la vida dominicana como artes de recios ritmos, con posturas diversas, variaciones técnicas y temáticas, y un centro de gravedad: la búsqueda de significados desde lo trascendente, la historia o la identidad.

Y como una constante en las artes plásticas en general, los artistas dominicanos han expresado sus estados emocionales y han interpretado su realidad física, social y política utilizando en sus obras los materiales, los medios y las técnicas que les proporcionaba su medio ambiente y las derivadas del desarrollo tecnológico de su época.

Lo evidencia el camino de cuatro siglos en que el arte dominicano ha asimilado raíces prehistóricas, coloniales y corrientes universales, expresándose con los medios tradicionales – óleo, acuarelas, pastel, cera, acrílicos, carboncillo –, o como ocurre en los tiempos actuales, en que esos materiales se fusionan con las técnicas digitales y las de 3D, los videos, la fotografía, el grafiti y objetos de uso común en la vida diaria.

En su largo trayecto hasta la actualidad, el arte nacional ha trascendido los linderos de su geografía para mundializarse en bienales, ferias y exposiciones en diversos continentes.

El proceso comenzó con los artistas criollos que internalizaron su identidad de dominicanos mucho antes de proclamar la independencia efímera de 1822 o de fundar la República en 1844, y documentaron su ambiente, costumbres y tradiciones en lienzos, líneas y colores, o con cinceles.

 

Los antecesores

De los siglos XVIII y XIX los historiadores han rescatado del olvido a pintores, dibujantes y tallistas, cuyas obras reflejan el romanticismo y la cultura hispanista de su tiempo con su gran carga religiosa. Entre ellos destacan Juan de Mata Tejada y Tapia (1786 -1835), pintor y dibujante oriundo de Santiago de los Caballeros, quien emigró a Cuba, donde introdujo el arte litográfico, y a otro expatriado, Simón de Portes, pintor y miniaturista, que pasó sus últimos años en México.

De ese tiempo son Baltazar Morcelo, Juan Moscoso, José Velasco y Báez, Gervasio Rodríguez de la Fe y Francisco Velásquez, nacido en el último tercio del siglo XVIII, recordado por sus retratos y medallones religiosos, uno de los cuales sobrevive en la catedral de Santo Domingo.

Sobresale, igualmente, Domingo Echavarría (1805-1849), notable fisonomista, pintor de retratos y temas religiosos. Está considerado como el primer grabador y caricaturista dominicano. Suyo es un grabado de 1845 con la imagen caricaturesca de un soldado haitiano arrastrando un perro, que figura en el tomo I de la obra “Memoria de la Pintura Dominicana”, de Danilo de los Santos.

Se mencionan, también, León Cordero (1809-1874), maestro de dibujo y de pintura, y  Leda Amanda, pintora de la que se carecen mayores datos biográficos; Isaías Arredondo, de Baní, y Luis Pérez, de Higüey.

Diego José Hilaris, pintor de imágenes religiosas, tuvo la particularidad de reflejar en ellas costumbres, indumentarias y paisajes, como observó la fallecida escritora y crítica de arte María Ugarte, citada por De los Santos.

Los artistas nacidos en el siglo XIX siguieron las influencias neoclásicas y románticas de sus predecesores, y más tardíamente algunos incorporaron ribetes  impresionistas. Prevalecieron los tradicionales géneros pictóricos, como el retrato, la historia, el paisaje, la escena, la marina, el desnudo y los bodegones.

Un artista de academia y renombre fue Epifanio Billini (1820-1891), quien estudió en la ciudad norteamericana de Filadelfia. Además de pintar al óleo con mucho éxito, se dedicó a la fotografía. Operaba en 1857 un estudio fotográfico con los últimos adelantos alcanzados entonces en la técnica de daguerrotipo. Este pionero de la fotografía dominicana fue, además, un patriota independentista asimilado a la sociedad secreta La Trinitaria.

Con el advenimiento de la República, los artistas pintaron los retratos de los heroicos personajes de su tiempo, plasmaron en lienzos el paisaje criollo y las contiendas históricas del momento. Su arte fue marcado por la corriente nacionalista que arropó el continente americano y por las influencias naturalistas, indigenistas y costumbristas.

Uno de los notables fue Alejandro Bonilla Correa Cruzado (1820-1901), pintor con taller-escuela, “la primera figura relevante del hacer pictórico republicano”, según De los Santos. Se le atribuyen los primeros cuadros al óleo de Juan Pablo Duarte, de Francisco del Rosario Sánchez y de Matías Ramón Mella, los tres padres de la patria dominicana. De él es la primera imagen de Duarte que figura en la historia nacional. Entre sus obras se cuentan “El incendio de la calle Palo Hincado”, “La llegada de los restos de Sánchez”, el cuadro “El ingenio Esperanza”, pintado ocho años antes de morir, y un retrato al óleo de Rafael de Marchena y de Sola, personaje de origen judeo-holandés que se radicó en Santo Domingo, que exhibe el Centro León.

De la primera etapa republicana es la obra del escultor Manuel de Jesús Frías, cuyos datos biográficos se desconocen. Testimonio de su labor son cuatro tallas de Duarte, de Sánchez, de Mella y de Fernando Valerio, que conserva la Logia Nuevo Mundo, de la ciudad de Santiago.

De las últimas décadas del siglo XIX fueron el retratista José Francisco García, el escultor Ángel Perdomo, cuyos bustos en yeso ganaron certámenes; el acuarelista Eliseo Roques Pérez; Carlos Ramírez Guerra y Julio Pou, retratista en óleos y al pastel.

El indigenismo cobra nuevos bríos al plasmarse la nacionalidad dominicana con pintores como Felipe de los Santos, quien expuso en 1890 el cuadro al óleo de la captura del cacique Caonabo.

También, con Luis Desangles –Sisito– (1861-1940), precursor del costumbrismo en la pintura dominicana, con obras de sello impresionista ambientadas en la naturaleza y el entorno social y romántico de la época. Hizo retratos de próceres y de caudillos políticos.

A esa corriente contribuyó, con su escultura “Caonabo”, el escultor Abelardo Rodríguez Urdaneta (1870-1933), discípulo de Desangles y del pintor español Juan Fernández Corredor, quien fundó de 1883 a 1886 una escuela de arte en Santo Domingo.

Rodríguez Urdaneta ha pasado a la historia como el padre de la escultura dominicana. Sus obras adornan diferentes puntos de la ciudad de Santo Domingo, y entre las más admiradas están “Cabeza de Mujer”, “Uno de Tantos”, “Invocación” y el “Caonabo”. De tendencia clásica y romántica, destacó como un sobresaliente cultor del dibujo y pintor de retratos al óleo. Fue un destacado fotógrafo y maestro de nuevas generaciones.

Otro pintor costumbrista y escultor fue Leopoldo Navarro (1862-1908), egresado del Museo de Reproducciones de Madrid, donde estudió arte y pintó numerosos óleos. Sus retratos en acuarela han sido calificados como sus obras más descollantes. De la escuela romántica e impresionista, su paso por Europa amplió su visión técnica en el manejo de la luz y la sombra.

De finales del siglo XIX es también el escultor Ángel Perdomo Lugo (1859-1935), autor de varios estudios en yeso y participante en la primera gran exposición nacional de arte celebra en febrero de 1890. Su padre Angel Perdomo, prócer independentista, fue también pintor y tallista. Una de las obras de Perdomo Lugo fue “San Cristóbal”, realizada en 1880, en colaboración con Francisco Góngora, para la ciudad que lleva ese nombre (Danilo de los Santos, Memoria de la pintura dominicana, tomo l).

Una de las grandes dibujantes y pintoras nacionales es también de este período: Adriana Billini (1863-1946), hija del pintor y fotógrafo Epifanio Billin. Maestra y autora de un libro sobre la técnica del dibujo, su obra incluye acuarelas, dibujos, esculturas y pinturas. En 1891, la Universidad de Búfalo, de los Estados Unidos de América, la premió por su método de enseñar dibujo y pintura. Fue la receptora de otros galardones en España y la República Dominicana. Pasó gran parte de su vida en Cuba.

 

Siglo XX

En la práctica artística de principios del siglo XX se juntaron dos generaciones, pero son fundamentalmente los nuevos quienes empiezan a incorporar en sus obras las corrientes del realismo, el costumbrismo, el impresionismo, post impresionismo y el arte noveau.

En las dos primeras décadas del XX, nuevos periódicos y revistas abrieron el camino a los dibujantes, grabadistas y caricaturistas, mientras artistas consagrados y los jóvenes  que estudiaron en el extranjero establecieron academias de arte en las principales ciudades.

Rodríguez Urdaneta, cuyo estudio fotográfico funcionaba desde 1901 como un espacio cultural en Santo Domingo, abrió en 1908 una academia de dibujo, pintura y escultura, que contó con apoyo gubernamental.

El pintor, escultor y fotógrafo Juan Bautista Gómez (1874-1945), quien estudió en Francia, creó en 1920 una escuela de arte en Santiago, en la que se forjaron varias generaciones.

Celeste Woss y Gil (1891-1985), la primera mujer dominicana que ejerció como profesional de las artes plásticas, fundó una academia de pintura y dibujo en 1924 en Santo Domingo, y transmitió los conocimientos adquiridos en Europa y en “The Arts Students League”, de Nueva York. Era hija del Presidente de la República Alejandro Woss y Gil. Pintó mujeres mulatas desnudas que encarnaban lo criollo y escandalizaron a la sociedad de su tiempo. Y pese a que vendió poco mientras vivía, actualmente es una de las pintoras más destacadas y cotizadas.

Enrique García Godoy (1886-1947) fue otro ilustre pintor, escultor y maestro del óleo y del pastel, fundador de la primera escuela de arte de La Vega.

En este período despuntaban Aída Ibarra (1911-2002), egresada de la Escuela de Bellas Artes de París, donde presentó varias exitosas exposiciones; Delia Weber (1900-1982), discípula de Urdaneta y de Woss y Gil; Fernando (Tuto) Báez (1895-1960), pintor de retratos y de temas típicos; María Lora de Dalmasí (1900-1973), entre cuyas obras de corte romántico, los críticos destacan su óleo “La Maternidad”, de 1919.  En París, Hilma Contreras (1910-2006), hacía retratos y fotografía arquitectónica.

La identidad dominicana que Woss y Gil encarnó en sus mulatas fue aún más resonante en las obras de Jorge Octavio Morel Tavárez (Yoryi Morel) (1901-1978), autor de luminosos paisajes y estampas campesinas, de fiestas populares, bohíos, y retratos de agricultores y pescadores, que acentúan la comunidad esencialmente negra y mulata. Su primera individual, en 1932, caló profundamente, y lo consagró como el costumbrista nacional por excelencia, de proyección internacional.

Con Morel, Woss y Gil, Darío Suro (1917-1996) y Jaime Colson (1901-1975), entre otros, la pintura dominicana entra en la fase moderna, se vuelve vidente al quitarse la venda del purismo hispano, y comienza a reconocer la dominicanidad.

La obra de Suro, nativo de La Vega, está apuntalada en las raíces y la geografía caribeñas, y ha sido expuesta en las principales capitales americanas y europeas.

El puertoplateño Colson, formado en las vanguardias europeas, exalta también el criollismo y la condición humana en general en su obra pictórica, en la que confluyen el expresionismo, el neoclasicismo y el cubismo. Pinturas como “El Merengue” (1937) reflejan el mestizaje, el color, la luz y el ambiente típico.

El asentamiento en República Dominicana de pintores extranjeros que huyeron del franquismo y del nazismo, produjo una favorable dinámica cultural que condujo a la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes, en 1942. Los maestros José Vela Zanetti, George Hausdorf, Eugenio Fernández Granell, Joseph Gausachs y Manolo Pascual enseñaron expresiones del arte moderno a una nueva generación de pintores y escultores dominicanos que comenzaron a plasmar la raza y la cultura nacional con un lenguaje expresionista, surrealista y neorrealista.

“La presencia de un desarrollo plástico dominicano preexistente da lugar al surgimiento de un arte con identidad propia, dada por los contenidos cifrados en el hombre antillano y la naturaleza, por el aspecto radiante de la luz…por nuevos materiales que incitan a la  experimentación”, sostiene la académica Laura Gil.

De esta escuela son Nidia Serra, Marianela Jiménez, Clara Ledesma, Noemí Mella, Elsa Divanna, Gilberto Fernández Diez, Gilberto Hernández Ortega, considerado uno de los más grandes exponentes de la plástica dominicana. Y los  escultores Domingo Liz, Antonio Prats-Ventós, Antonio Toribio y Luis (Luichy) Martínez Richiez.

Dos pintores dominicanos reconocidos mundialmente, el surrealista Jorge Noceda Sánchez (1931-1987), y Mariano Eckert (1920-2008), maestro de la técnica del claro-oscuro, se formaron en Estados Unidos de América, donde vivieron gran parte de sus vidas.

El arte abstracto, geométrico, de mayor sutileza mental y oscuros significados, fue otra forma de expresión para los artistas amordazados por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. En medio de la gran represión política que se agudizó en los años 50, despuntaban Domingo Liz, Paul Giudicelli, Rafael Faxas, Silvano Lora, José Fulop, Dionisio Pichardo, Plutarco Andújar, Ada Balcácer, Fernando Peña Defilló, Guillo Pérez, Gaspar Mario Cruz.

En los años 60 terminaba la colisión con la dictadura y surgían Ramón Oviedo (1924-2017), nombrado por el Congreso Nacional “maestro ilustre de la pintura dominicana”; Cándido Bidó (1936-2011), Elsa Núñez, José Rincón Mora (1939-2016), Leopoldo Pérez (Lepe), Ángel Haché, José Cestero, Soucy de Pellerano, Iván Tovar, José Ramírez Conde, Amable Sterling, Orlando Menicucci, Thimo Pimentel, León Bosch, Danilo de los Santos, Asdrúbal Domínguez, José Ramón Rotellini, Geo Ripley, Jorge Severino, Daniel Henríquez.

Un notable descubrimiento de esa época fue la pintura naif de Justo Susana (1918-2001), nativo de La Vega, rescatada del olvido por la escritora y crítica de arte Aída Cartagena Portalatín. Su obra se considera actualmente la más importante expresión del primitivismo dominicano.

La década del 60 comenzó para muchos con un arte de protesta, “solidario, humanista y popular” en el Frente de Arte y Liberación, donde militaron Silvano Lora, Elsa Núñez, Ada Balcácer, Lepe, Asdrúbal Domínguez, Iván Tovar, Jeannette Miller.

Del mismo modo que artistas antecesores protestaron la ocupación militar de 1916, los proponentes del arte solidario se concentraron en un frente cultural para oponerse a la intervención estadounidense de 1965, y  a éste se sumaron José Cestero, Dionisio Rodríguez, Cándido Bidó, Gisela Risk, Julio Susana, Virgilio García, Ada Balcácer, según los recuerdos de la pintora Elsa Núñez.

Con el tema de la guerra trabajaron murales, afiches, vallas, y presentaron exposiciones en la galería Olímpica, de Bellas Artes, y en la galería Auffant.

Cinco años después de esa turbulencia, emergen en la década del 70 los artistas dominicanos pioneros del  fotorrealismo, movimiento que surgió a partir del Pop Art en Estados Unidos. Se populariza el arte de la serigrafía, los grabados, el uso de metales y la pintura naif.

De ese tiempo es Alberto Bass, primero en hacer pintura fotográfica usando los objetos como símbolos de la cultura y de la madeja social y política.

El muralista puertoplateño Alberto Ulloa (1950-2011),  exponente impresionista, de lo abstracto y figurativo, comenzó a emplear en sus obras pigmentos mezclados y sustancias orgánicas y sintéticas.

La escultora Soucy de Pellerano se concentró en la estética del movimiento, incorporando a sus creaciones estructuras metálicas, chatarras y engranajes mecánicos que dan movilidad y vida propia a sus piezas, siguiendo la corriente del arte cinético.

El vanguardista Geo Ripley fue de los primeros en suscribir el arte performático y se convirtió en el pionero de la instalación, con un montaje de iniciación ritual en la ciudad de Santiago, que incluyó música, incienso, pinturas y cuadros desplegados en el suelo.

¿Sabías que? El arte vivo de Ripley integra los elementos mágico-religiosos de las culturas africanas, antillanas y precolombinas. Sus obras de alcance internacional rescatan el folclore criollo (Lo Dominicano/All Dominican Things https://www.amazon.com/All-Things-Dominican-Lo-Dominicano/dp/9945590243)

En la línea de los artistas de esa etapa cuyas obras han logrado proyección mundial están José García Cordero, Fernando Ureña Rib (1951-2013); el escultor Joaquín Mordán Ciprián, y los pintores Dionisio Blanco, Antonio Guadalupe, Rosa Tavárez, José Miura, Manuel Montilla.

En las décadas de los ochenta y los noventa se profundizaron las rupturas con los patrones establecidos. Las manifestaciones creativas se aliaron con los medios tecnológicos. La pintura, el dibujo y la escultura se imbricaron a las tecnologías de la información, de la comunicación, el cine, el video, la imagen digital.

Artistas curiosos, experimentadores de diversas técnicas, empezaron a recrear la cambiante realidad social con otro lenguaje. Centros académicos como la Escuela de Arte y Diseño Altos de Chavón, fundada en 1983, amplían las opciones y el horizonte artístico de las nuevas generaciones.

Las escuelas tradicionales cambiaron de nombres y adecuaron su pensum para reflejar un arte en plena libertad de expresión. Acogiendo las nuevas corrientes, la de Bellas Artes se convirtió en Escuela Nacional de Artes Visuales. La Bienal Nacional de Artes Plásticas se transformó en Bienal Nacional de Artes Visuales, para incluir las expresiones multi-mediales, la instalación, el performance, la fotografía, el video-arte.

A las nuevas generaciones de artistas pertenecen Luz Severino, Elvis Avilés, Julio Valdez, Enriquillo Rodríguez, Chiqui Mendoza, Vladimir Velásquez, Grecia Rivera, Raúl Recio, Carlos Hinojosa, Radhamés Mejía, Amaya Salazar, Belkis Ramírez, Luis José Aguasvivas, Eric Genao, Jesús Desangles, Iris Pérez, Yuly Monción, Mariano Sánchez, Thelma Leonor Espinal y Ernesto Rodríguez, entre muchos otros.

Entre ellos hay modernistas, con pinturas ligadas al diseño y la ilustración; abstractos, de visiones interiores; expresionistas intuitivos, simbolistas de la sombra y la máscara humana, y escultores de ciguapas legendarias, como Johnny Bonelly, o de temas clásicos, como Ramón Osorio, cuya escultura “El divino niño”, de 10 metros, podría ser la más grande del mundo en su género.

La época alberga nuevos escultores de producciones reconocidas: Bismark Victoria, Said Musa, Joaquín Mordán Ciprián, Tony Capellán, Pascal Meccariello, Jorge Pineda, Marcos Lora Read, Raquel Paiewonsky, Mónica Ferreras y Belkis Ramírez.

En su tránsito al milenio, artistas de varias generaciones siguen explorando con diferentes lenguajes temas atemporales: realidades sociales, políticas y culturales, angustias existenciales, visiones de mundos colectivos y personales.

 

Siglo XXI

El “arte joven” del milenio profundiza los cambios, revoluciona las reglas, entroniza lo que fueron noveles tendencias en el siglo anterior, construye sus propios cimientos y paradigmas.

Los creativos del siglo XXI decodifican mensajes culturales, cuestionan las apariencias y el “modus operandi” del mundo globalizado y mediático, irreconocible para los antecesores de pasados siglos.

Lo hacen experimentando con mayor libertad de estilos y técnicas y un lenguaje pictórico dinámico. Gana mayor espacio la corriente del arte conceptual, con la simbólica instalación y la acción viva o performance, que crean impacto y provocan la reflexión en los espectadores.

Charo Oquet es un ejemplo elocuente de artista plástica con nuevas propuestas, como su instalación “En un abrir y cerrar de ojos”, ganadora del gran premio de la XXVI Bienal Nacional de Artes Visuales. Montada en menos de diez metros en el Museo de Arte Moderno, con materiales de plástico, cubos de agua, juguetes, partes de inodoros, videos y fotografías, que muestran los mundos sociales yuxtapuestos en la ciudad de Santo Domingo.

Quisqueya Henríquez ha tratado el tema del espacio y de la construcción urbana en la pieza de tres momentos “Transformación, reconstrucción y demolición”, expuesta en el Museo Rufino Tamayo, de México. El primer momento consistió en la transformación de la sala de exhibición; el segundo, en la transformación virtual presentada con imágenes de video, y el tercero, el sonido de una demolición en el que la artista ve “la contradicción de la imagen que construye y el sonido que destruye” (latinartmuseum.com).

Los nuevos artistas tienen otras formas de proyectar la realidad, pero las experiencias y percepciones sociales no están lejos de las que tuvieron sus antecesores. Otra instalación que lo revela, expuesta en el Centro León, es la de la veinteañera Patricia Encarnación, “El negro detrás de la oreja”, que, con cuadros-objetos, describe la condición racial no del todo aceptada.

El tema de las conexiones sociales y la marginalidad que afecta a los artistas, lo explora Marie Jiménez en un video instalación sin título, premiado en el XXV Concurso de Arte Eduardo León Jiménes.

Otros artistas recurren al simbolismo para exponer el mundo subjetivo interior, como Mónica Ferreras con su instalación “Son sólo burbujas de la vida o espejos de preguntas y esperanzas”, expuesta en el Centro León.

El arte del performance, que asomó con timidez en los 80, se populariza a principios del siglo XXI entre artistas multidisciplinarios, muchos de ellos egresados de la Escuela Altos de Chavón. Como resultado, se han realizado en el país eventos anuales como Independence 2016; Perfomatorio, de la Plataforma Dominicana de Performance; Index Internacional, y los del colectivo El Arañazo, plataforma cultural multidisciplinaria, constituida en el 2011.

El público adepto al performance aprecia las presentaciones vivas de las obras y el modo en que “toma forma en el cuerpo del artista”, apunta la artista visual Sole Fermín de Suero, cuya producción es autobiográfica…“una mirada introspectiva que propicia la percepción de mi ser co-existiendo en un estado de resistencia-ambivalencia”. Su performance en honor a Juan Pablo Duarte  “A un mar del olvido”, en la playa Long Beach, de Puerto Plata, llamó la atención en el festival internacional de Performance “Independence 2016”.

Jochi Muñoz, artista de danza y de performance, premiado en la XXV Bienal de Artes Visuales del Museo de Arte Moderno, en Santo Domingo, es otro activo participante en sus propias piezas, como se vio en  “Mi Jardín”, instalación-performance realizada dentro del proyecto Arte Barceló 2006. Su obra se nutre de la cotidianidad. “Tomo un hecho cualquiera que descontextualizo…desestimo, recompongo para ofrecer mi versión personal del mismo, que puede no ser comprendido de inmediato…pero deja en el espectador el gusanillo de la interrogante”.

En este movimiento se dan a conocer, entre otros, David Pérez, Pery Jiménez, Eliú Almonte, Ingrid Madera, Nancy Vizcaíno, Etienne Hernández, Orlando Menicucci, y otros que hacen simultáneamente pintura, grabados, cerámica y escultura.

Un grupo de artistas visuales del milenio se concentra en proyectos de la gente y el medio ambiente, como los del Colectivo de Arte Ramona, creado en el 2009 por jóvenes que decidieron trabajar en la Bienal de ese año.

Desde entonces se dedican a montar exposiciones y proyectos “que provoquen reacciones y que vayan de la mano con la gente, la cultura y el cuidado del medio ambiente”. Algunos de sus integrantes y colaboradores son Yoel Bordas, Arlette Espaillat, Julianny Ariza, Adela Dore, Joery Santos, Bernardo Romero, Javier Montero.

Hay artistas contemporáneos que vuelven la mirada a las raíces prehistóricas y se inspiran en las pictografías aborígenes de las cavernas, en las piezas de  cerámica y las tallas desenterradas por la arqueología. Este movimiento neotaino procura rescatar un legado de la identidad nacional y del arte universal.

Propulsores de ese renacer son José Perdomo, Antonio Guadalupe, los ceramistas Thimo Pimentel y Said Musa, y las serigrafías de Carlos Sangiovanni.

Thimo Pimentel es de otra generación, pero su proyecto “Arte Furtivo”, de reciente creación, ha capturado la imaginación de sus seguidores. No vende las piezas, las coloca en lugares estratégicos, anuncia las pistas en las redes sociales, y los coleccionistas salen a buscarlas.

Sus cilindros escultóricos con motivos indígenas envuelven la cerámica, el torno, la barrografía y fotografía, los videos, sistemas de posicionamiento global, aparatos de visión nocturna y las redes sociales.

Las nuevas expresiones del arte no han avasallado la plástica tradicional, que sigue siendo una manifestación importante del arte dominicano, como se muestra en la XXVIII Bienal Nacional de Artes Visuales de 2015.

En la categoría de pintura, la bienal acogió 89 obras, 21 esculturas, 24 dibujos y nueve trabajos de cerámica. En contraposición, se presentaron 37 instalaciones, ocho performances, 6 videos y multimedia y 30 fotografías.

El gran premio se le concedió a la instalación “Claustro para el Edén”, de Raúl Morilla; con la performance “Microcosmos VI” ganó Joan Jiménez; en escultura ganó “M3”,  de Delio García; en dibujo fue premiada “Vaina mía”, de Magno Laracuente; en pintura, “Desplazamiento involuntario”, de Carlos Baret; en video y multimedia, “Luna Klolousky”, de Martín López; en fotografía, “Heredad”, de Angelita Casals, y en cerámica, “Sólo azul”, de Cristian Tiburcio.

En este encuentro de expresiones artísticas, de plena libertad de medios y estilos, el arte joven sigue pariendo talentos y abriendo, con nuevos lenguajes, insospechados senderos.

 

Museo de Arte Moderno de Santo Domingo

El museo cumple con la misión fundamental de exponer y custodiar las obras del patrimonio artístico dominicano. Ha desplegado un abanico de posibilidades para atraer y educar al público, coordinando actividades dirigidas a un conocimiento integral de las artes visuales como son, entre otras: exposiciones individuales y colectivas temporales, eventos bienales, conferencias y coloquios, talleres infantiles, cursos de capacitación en diferentes manifestaciones artísticas para adultos, ciclos de cine de artistas locales y extranjeros.

Fue inaugurado en 1976 como Galería de Arte Moderno en el complejo de la Plaza de la Cultura “Juan Pablo Duarte” de la ciudad capital. Adquirió en el año 1992 mediante decreto del Poder Ejecutivo, el nombre de Museo de Arte Moderno, tomando en cuenta la importancia y similitud de la labor desempeñada con la de otras instituciones museísticas a nivel internacional.

Desde su creación posee las obras mas destacadas de los precursores de la plástica dominicana, a partir de la Independencia Nacional en 1844 hasta las producidas por artistas contemporáneos. Hoy en día, posee el patrimonio de Artes Visuales más importante del país.

El Museo de Arte Moderno cuenta con amplias salas de exposiciones en cuatro niveles, un Auditórium con capacidad para ciento cincuenta personas, una biblioteca especializada en arte dominicano y universal. Además una tienda que ofrece obras de artistas, artesanía artística y diversas publicaciones de arte.

El Museo está abierto de martes a domingo en horario de 9:00 a.m. a 5:00 p.m. Está ubicado en la Avenida Pedro Henríquez Ureña, Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, en Santo Domingo.

Fuentes y otras referencias

  • Lo Dominicano/All Things Dominican, 2016, Global Foundation for Democracy and Development (GFDD), disponible en Amazon: https://www.amazon.com/All-Things-Dominican-Lo-Dominicano/dp/9945590243
  • Galeríadeartedominicana.com
  • issuu.com/centroleon/docs/libro arte contemporáneo dominicano/8?ff=true
  • clio.academiahistoria.org.do/trabajos/clio171/clio2006 No 171-12.pdf
  • https://hbearte.wordpress.com/2012/12/02/las- tendencias- en- el- arte- del siglo- xxi/comment-page-1
  • https://centroleon.org.do/libro memoria de la pintura dominicana, tomo l, Danilo de los Santos.pdf
  • http://euloarts.com/2012/12/10/ la bienal en república dominicana
  • wikipedia.org/escuela nacional de artes visuales
  • http://historiaarteuniversal.blogspot.com
  • htpp://ramonacolectivo.blogspot.com
  • htps://issuu.com/popularenlinea/docs/arte e historia para internet
  • listindiario.com/lecturas de domingo/2008/02/17/ décadas de luz y color
  • Listindiario.com/un encuentro con el arte-charo oquet/2011/08/21
  • www.laromanabayahibenews.com/2012/02/festival internacional del arte de performance
  • Listindiario.com/ventana/2014/10/25/performance –el artista
  • wikipedia.com/arteconceptual
  • wikipedia/instalación/arte
  • http://html.rincondelvago.com/pintores dominicanos
  • elnuevodiario.com.do/app/article/fue tardío el modernismo en la república dominicana
  • hoy.com.do/arte contemporáneo-5/
  • hoy.com.do/homenaje justosusana/2015/03/28
  • latinartmuseum.com/obra de Quisqueya Henríquez.
  • performancelogía.blogspot.com
  • textosdejochimuñoz.blogspot.com
  • listindiario.com/2016/08/23/performance en República Dominicana
  • puertoplatadigital.com/vernoticia.aspx?Id=21146

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