Ocupación francesa del lado occidental de la isla

Ocupación francesa del lado occidental de la isla







Conquista y colonización

La industria azucarera


Contrabando y piratas

Ocupación francesa del lado occidental de la isla

Retorno a España

Período de “la España Boba”

La independencia efímera

La dominación haitiana




 

Devastaciones de Osorio. Tan importante llegó a ser el contrabando en La Española que a comienzos del siglo XVII la mayor parte de su producción era adquirida por franceses, ingleses u holandeses, y en menor medida portugueses, los cuales atracaban sus barcos lo más lejos posible de la ciudad de Santo Domingo (donde estaba asentada la burocracia real). Las zonas preferidas eran la norte y la occidental, con los puertos de Puerto Plata, Monte Cristi, Bayajá y La Yaguana. En esos poblados, el comercio ilegal llegó a tener un carácter regular y la anuencia y complicidad de las propias autoridades locales. Los propietarios de los hatos ganaderos radicados en el resto de la isla (incluidos los de la ciudad de Santo Domingo) preferían llevar sus reses hasta esas zonas y vender sus cueros a los contrabandistas, ya que recibían un mejor precio.


Esta “independencia” económica que mostraban los vecinos de la isla frente al gobierno español se vio incentivada por la penetración cultural que se verificó en “la Banda del Norte” –la región del contrabando–, donde se efectuaban bautizos protestantes con padrinos extranjeros, y en la que se confiscaron biblias luteranas.


La Corona tomó entonces una medida drástica: decidió despoblar el oeste y el noroeste de la isla. Las devastaciones de Osorio, denominadas así porque el gobernador de la isla que las efectuó se llamaba Antonio de Osorio, se efectuaron entre 1605 y principios de 1606. Como resultado, los poblados de la Banda Norte fueron destruidos.


Efectos inmediatos de las devastaciones de Osorio.


•  Destrucción de unos 120 hatos, lo que significó el abandono de más de cien mil reses y unos catorce mil caballos que pasaron a engrosar el ganado cimarrón de la zona despoblada. Del ganado manso que se criaba en la región sólo menos del 10% (unas 8,000 cabezas de ganado) pudo ser trasladado a los nuevos lugares.
•  Destrucción de los ingenios y trapiches del lugar, lo cual aceleró la decadencia de la industria azucarera y, junto con la pérdida de ganado y plantaciones de cañafístola y jengibre, acrecentó la pobreza padecida en toda la colonia y la disminución de la importancia comercial de Santo Domingo.
•  Favoreció el alzamiento de muchos esclavos negros que se asentaron en las zonas despobladas.
•  Emigración de muchos de los habitantes afectados a Cuba y Puerto Rico.
•  Despoblación de más de la mitad de la isla que quedó entonces a merced de los extranjeros cuyo trato se quería evitar.


Las Devastaciones de Osorio no detuvieron el contrabando.


El situado. La pobreza generalizada que afectó a largo plazo a toda la colonia, debido a las despoblaciones de 1605 y 1606, hizo que mermaran en grado sumo las recaudaciones fiscales de la administración colonial, hasta el punto de que no alcanzaban a cubrir los gastos burocráticos ni el mantenimiento de la dotación de soldados destacados en Santo Domingo. De ahí que, entre otras medidas, como la reducción del número de soldados a la mitad, el Gobierno español otorgara a partir de 1608 una asignación subsidiaria anual que en este caso procedía de México, y que se conocía como “el situado”. Este subsidio se mantuvo durante todo el resto del siglo XVII.


Filibusteros y bucaneros. Apropiación de la Tortuga. En 1629, ingleses y franceses desalojados por los españoles de la isla de San Cristóbal se asientan en la isla Tortuga, adyacente a La Española. Si bien este establecimiento de extranjeros fue en tres ocasiones destruido por las fuerzas militares de la colonia (en 1630, 1635, y 1654), terminó por imponerse la presencia francesa. Ésta hizo de la Tortuga un centro de operaciones marítimas, militares y comerciales cuyo objetivo era conspirar contra los controles e intereses españoles y, más concretamente, adueñarse de los terrenos descampados de La Española, a la que denominaban “Tierra Grande”. De hecho, para 1648, dos grupos habían pasado a la costa norte de la isla, dónde cazaban ganado y cultivaban el tabaco. Se dividían en tres clases:


Filibusteros
También llamados “bandoleros del mar”, eran aventureros de distintas nacionalidades que se dedicaban a la piratería en las aguas del Caribe, asediando las embarcaciones españolas o portuguesas y sus puertos y ciudades del Caribe. Para reponer energías iban a la Tortuga.


Bucaneros
Se dedicaban a cazar las reses y cerdos cimarrones que por miles poblaban el noroeste de La Española. Allí se radicaron, trasladándose a La Tortuga cada cierto tiempo para vender el cuero que obtenían y abastecerse de pólvora, municiones y prendas de vestir. El nombre les viene del tipo de asador ( boucan ) en que ahumaban la carne con que se alimentaban.


Habitantes
Grupo de aventureros que había optado por dedicarse al cultivo de tabaco en la costa norte de la isla. Vendían este producto en La Tortuga.


Ataques a La Española. Durante la segunda mitad del siglo XVII, La Española fue asediada fuertemente por los países enemigos de España (Francia e Inglaterra), que querían hacerse con el dominio de la isla. Dos grandes campañas merecen destacarse:


•  Invasión de Penn y Venables: El 23 de abril de 1655 llegó a las aguas de Santo Domingo una flota inglesa comandada por el almirante William Penn y el general Robert Venables, y constituida por 34 navíos de guerra, 7,000 marineros y 6,000 soldados. A pesar de su fuerza, fueron rechazados exitosamente por los hombres y militares españoles, quienes gracias a una inteligente estrategia no sólo les impidieron tomar la ciudad de Santo Domingo, sino que además los obligaron a huir en retirada y les provocaron alrededor de 1500 bajas. Fue esta misma flota la que inmediatamente después logró tomar en nombre de Inglaterra la isla de Jamaica, que estaba más despoblada y fue mal defendida por los españoles.


•  Internamiento tierra adentro de los franceses: Establecidos definitivamente en La Tortuga a partir de 1656, los franceses intensifican la campaña para irse adentrando y posicionando en el “descampado” occidental de La Española y, en última instancia, adueñarse de toda la isla. En 1668 se establecen en los alrededores de la antigua ciudad española de Yaguana (en el extremo occidental de la isla) y crean un nuevo poblado denominado Leoganne. En 1681, un censo cifraba en 7,848 la cantidad de personas que, bajo las órdenes del gobierno francés, habitaban la parte oeste de la isla.


Reconocimiento tácito. La Paz de Nimega, firmada en Europa en 1678, hizo que los gobernadores de las poblaciones española y francesa se acercaran, y que se estableciera un activo comercio de caballos, carne salada y cuero de vaca entre ambos grupos de pobladores (1680). Si bien esto no impidió enfrentamientos bélicos entre ellos (1690 y 1691, 1694), o que España reclamara la salida de los franceses de la isla, sí implicó que por primera vez se planteara la delimitación del espacio a ocupar. De manera informal y con absoluto carácter circunstancial, se proponía el establecimiento del río Rebouc o Guayubín como límite en la parte norte, mientras que por el sur se trazaría una línea imaginaria partiendo del curso de dicho río hasta la isla Beata.


Esta situación de reconocimiento tácito de la existencia de una colonia francesa en el margen occidental de la isla fue confirmada por el Tratado de Paz de Ryswick, firmado por Francia, Provincias Unidas, Inglaterra, España y Alemania, en 1697. Aunque su contenido no hace referencia a las colonias de esos países en América, sí sirvió de estímulo a la coexistencia relativamente pacífica –no sin problemas en cuanto a la fijación de las fronteras– de ambas poblaciones. Esto se vio apuntalado por el hecho de que en 1701 ascendiera al trono español el nieto de Luis XIV, Felipe Anjou (con el nombre de Felipe V), haciendo de España y Francia naciones aliadas.


Tratado de Aranjuez. El 3 de junio de 1777, luego de décadas de negociaciones y hostilidades entre ambas colonias con motivo de sus límites, se firma el Tratado de Aranjuez, que fija definitivamente el límite septentrional en el río Masacre y el límite sur en el río de Pedernales.


Saint Domingue. Desde el Tratado de Nimega de 1678, la parte occidental de la isla pasó a llamarse Saint Domingue. Su organización formal, no obstante, comienza a principios del siglo XVIII, cuando su territorio se dividió en los departamentos Norte, Sur y Oeste, dirigidos cada uno por un gobernador y un intendente general nombrado por el Rey de Francia. En estas tierras los franceses desarrollaron un intensivo sistema de plantaciones que permitía producir a gran escala café, cacao, algodón, índigo o añil y azúcar, y que convirtió en su momento a esta colonia francesa en la más rica del mundo.


El sostén de esa próspera economía era la mano de obra esclava africana, la cual era reclutada, de entre otros grupos étnicos, de congos, aradas, mondongos, nagos, ibos, caplaous y fangs. Eran sometidos a un régimen de trabajo cruel que acortaba su vida útil a un promedio de siete años. Al momento de su separación de Francia, la burguesía esclavista colonial y los pequeños propietarios blancos constituían el 6% de la población de Saint Domingue, los mulatos libres conformaban un 7% y los negros esclavos un 87% (alrededor de 610,200).


La convivencia de los esclavos en barracas colectivas permitió que de sus diferentes lenguas y del francés emergiera una especie de dialecto llamado creole.


Tratado de Basilea. Los radicales republicanos jacobinos que asumieron el poder de Francia declararon la guerra a España (junto a Holanda y a Inglaterra), la cual terminó con la firma del Tratado de Basilea el 22 de julio de 1795. Mediante este acuerdo, España logró recuperar posesiones perdidas en la península (Cataluña y las provincias vascongadas), a cambio de la cesión de la colonia de Santo Domingo. El estado de inestabilidad en que se encontraba Saint Domingue desde el inicio de la rebelión de los esclavos en agosto de 1791, dilató la toma de posesión de la parte oriental de la isla por parte de Francia.


Breve unificación de la isla. Amparándose en el Tratado de Basilea, Toussaint L’Ouverture, líder negro de la revolución de Saint Domingue, tomó posesión de Santo Domingo el 26 de enero de 1801, unificando la isla. Una de sus primeras medidas en la colonia española fue la abolición de la esclavitud; pretendía reorientar su economía productiva –basada en el hato ganadero– hacia la agricultura de explotación intensiva para fines de exportación. Este período de unificación fue, sin embargo, breve, ya que Napoleón Bonaparte envió una gigantesca expedición a luchar contra el revolucionario negro.


Ocupación francesa. En febrero de 1802 llegaron las tropas francesas comandadas por el general Charles Leclerc. Más de 10,000 soldados vinieron a acabar con la revolución de Saint Domingue y a recuperar el dominio de toda la isla. No pudieron terminar con el movimiento de liberación de la antigua colonia francesa, que dos años más tarde (el primero de enero de 1804) proclamaría la independencia de la República de Haití de mano de los combatientes Jean Jacques Dessalines, Alexandre Petion, Henri Christophe.


En cambio, gracias al concurso de los criollos-hispanos, la armada francesa sí pudo establecer su autoridad en la colonia de Santo Domingo, expulsando a las fuerzas de Paul L’Ouverture (hermano de Toussaint), y rechazando posteriormente las cruentas invasiones haitianas por parte de Dessalines y Henri Christophe en 1805.


El apoyo que los criollos-hispanos de Santo Domingo dieron a los franceses fue fundamental. Y es que muchos de ellos rechazaban las medidas tomadas por Toussaint, puesto que regulaban la propiedad y el uso de sus tierras, los obligaba a trabajar en labores agrícolas a las que no estaban acostumbrados y los desproveía de su mano de obra esclava. Además, la mayoría de la población, a diferencia de los habitantes de la ex colonia francesa, no se consideraba a sí misma como negra, sino formada por españoles blancos y mulatos.


De ahí que quien dirigiera las operaciones militares para expulsar de Santo Domingo a Paul L’Ouverture y para facilitar la entrada de los soldados franceses dirigidos por el General Kerversau fuera un militar criollo, don Juan Barón.


Emigraciones. Desde la firma del Tratado de Basilea en 1795, numerosas familias abandonaron Santo Domingo. La firma del mencionado Tratado, la invasión de Toussaint y las guerras contra las fuerzas haitianas hicieron que un gran número de pobladores fueran partiendo de la isla con destino a Puerto Rico, Cuba y Venezuela. La población criolla, acostumbrada a vivir en permanente pulso con los franceses del lado occidental por su tendencia a querer llevar la frontera más y más hacia el este, rechazaba la disposición que sin ningún miramiento a su composición social, historia y cultura la ponía bajo la autoridad gala y la unía con los habitantes del oeste de la isla. Únicamente apoyaron a las fuerzas napoleónicas cuando se dieron cuanta que éstas las librarían de los revolucionarios de Saint Domingue y que reestablecerían la esclavitud, como en efecto sucedió.


 

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