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La fortaleza de la democracia en América Latina redefine su relación con Estados Unidos












La fortaleza de la democracia en América Latina redefine su relación con Estados Unidos


El debate desarrollado en FUNGLODE puso de manifiesto el avance democrático en la región y la necesidad de desarrollar políticas internas que dejen atrás la desigualdad social para afianzar el avance conseguido.












(Santo Domingo, lunes 19 de febrero de 2007).-   El desafío mayor de reducir la brecha social en América Latina, en el contexto de un avance democrático que ha permitido en el pasado reciente elecciones libres y sin traumas en doce países fue uno de los temas que dominaron las exposiciones del debate que organizó la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE) y su entidad hermana en Estados Unidos, Global Foundation for Democracy and Development (GFDD), con la participación de cuatro destacados analistas políticos.


Con el tema  “El nuevo contexto político en las Américas: perspectivas sobre las relaciones entre los Estados Unidos y América Latina”, abordaron la realidad en la región Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano; Marco Aurelio García, Asesor Especial del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil; Ana María Sanjuán, Directora, Centro por la Paz y los Derechos Humanos, Universidad Central de Venezuela, y Juan E Pardiñas, investigador asociado del Centro de Investigación para el Desarrollo, CIDAC, de México.


Durante aproximadamente dos horas, con la moderación de la directora ejecutiva de GFDD, Natasha Despotovic, se pasó balance a la situación política y económica en la región.


Peter Hakim resalta la buena salud de la democracia en América Latina


El presidente de Diálogo Interamericano consideró que la democracia “está básicamente bien en la región”, resaltando que de 12 elecciones que se han registrado en la región es destacable la participación  masiva de electores, y el hecho de que las consultas hayan transcurrido sin disputas mayores en 11 de ellas, con la excepción de México.


“Es una buena salud para la democracia en América Latina”, sostuvo.


Sobre los vaticinios sobre la renovada vigencia de la izquierda,  sostuvo que lo ha habido son escogencias en beneficio de candidatos conocidos, porque de los 12 seleccionados siete eran muy conocidos para el electorado, porque ya habían presidentes.


Citó los casos de Ignacio Lula da Silva en Brasil; Hugo Chávez en Venezuela y Alvaro Uribe en Colombia, quienes se reeligieron y otros que habían sido electos en el  pasado, como son Oscar Arias, en Costa Rica; René Preval, en Haití;  Daniel Ortega, en Nicaragua, y Alan García en Perú.


Viendo la situación país por país, a su juicio, el panorama no ha cambiado tanto.


 


 


Resaltó el crecimiento económico latinoamericano, con la perspectiva de que se mantenga la tendencia, pero sostuvo que hay desafíos con respecto a la democracia. La amenaza más profunda, en su opinión, esta ilustrada por el presidente Chávez.


Se refirió al presidente venezolano Hugo Chávez para afirmar que aunque su presidencia salió de una consulta popular y cuenta con mucho apoyo, no tiene derecho a acumular más poder, sacándolo de otras instituciones.


Expresó que el problema es que su acciones sean repetida en otras partes de la región.


La polarización de la política en la zona, se constituye en otra amenaza en Latinoamericana, según Hakim, al señalar como en varios países votaron en masa a favor del presidente electo, en regiones completas, mientras otras regiones se produjo un voto en contra arrollador, marcando una polarización interna preocupante. Eso, subrayó, no evidencia una gran salud social, que es vital para la política.


En su opinión, el problema no es que sea la izquierda o la derecha la que se imponga, sino que las demandas sociales no estén satisfechas. “Eso es lo que Chávez puede explotar y es lo peligroso, insistió.


Sobre la actitud de Chávez hacia Estados Unidos, dijo que éste ha usado su talento retórico a favor de sus posiciones teniendo a su favor la debilidad de Estados Unidos en la región.


La debilidad estadounidense en la Latinoamérica no las valoró a partir de los cambios de gobiernos en América Latina. Consideró que el cambio viene del fracaso estadounidense en Irak y de la reducción de su capacidad para presionar en muchos países en medio de un esquema de globalización.


 También porque Estados Unidos no está ayudando para aliviar los problemas sociales en el hemisferio, entre otros factores.


Pardiñas pone sobre relieve el reto de seis años al que se enfrenta Calderón


Al abordar el problema político que ha confrontado México con la reciente elección de Felipe Calderón y las denuncias de fraude y consecuente insubordinación de su contendor, José Manuel López Obrador, Pardiñas puso de manifiesto las dificultades del derrotado para ganar electores que necesitaba y los retos a los que se enfrenta el vencedor,


Lopez Obrado, dijo, no supo integrar a su discurso a los beneficiarios del crecimiento que ha vivido la nación azteca y que propició el gobierno de Fox. El, sostuvo, tenía que crear un puente entre los que tienen acceso al crecimiento y los que no lo consiguieron.


Explicó que en México se ha logrado romper la asociaciones entre fin de gobierno e inestabilidad económico, porque aunque no ha habido crecimiento económico suficiente para que cambie la estructura del país, por primera vez, durante el gobierno de Fox ha habido acceso al crédito hipotecario, entre otros resultados de una recuperación que se ha traducido en una estabilidad económica que ha beneficiado a muchos millones de mexicanos, que dieron su respaldo a Calderón.


Pardiñas insistió en que López Obrador no pudo conquistar a ese electorado y se quedó con los pobres que no han tenido acceso a ese beneficio, pero que no eran suficientes para darle el triunfo.


Además, dijo que que durante todo el periodo de protesta postelectoral no ha habido pruebas del fraude denunciado.


El reto ahora es qué hacer con el país, planteó, para añadir que Calderón tiene el reto de integrar a los 14 millones que votaron contra él y no se sienten reflejados en el bienestar económico y sienten que el país no les puede ofrecer mejores condiciones.


El desafío es que integrar a los marginados pasa por el Congreso, con decisiones que no son fáciles de asumir, dijo.


Apuntó que es necesario  hacer reformas laborales y fiscales. Puso como ejemplo el tema energético, porque las reformas fiscales implican  una mayor inversión para incrementar la explotación petrolera, con el agravante de que la empresa publica está muy limitada por ley para hacer inversiones con capital privado foráneo y el gobierno no dispone de recursos para ello. Sino se consigue una mayor explotación, pronto México tendrá que importar el crudo, estableció.


Se refirió también al gran desafío que sale del problema del aumento de la violencia, por la vigencia del narcotráfico, el cual Calderón ha asumido involucrando al ejército en la lucha para frenar el fenómeno.


“Va a hacer un gobierno de retos, un gobierno difícil para el gobierno de Felipe Calderón. Lo más difícil vendrá en los próximos seis años”, apuntó


Ana María Sanjuán resalta el empeño latinoamericano en buscar su autonomía


La politóloga venezolana valoró el comportamiento de los electores en América Latina en las elecciones que se registraron entre 2005 y 2006, subrayando que los electores en sentido general  manifestaron en diferentes planos por una mayor inclusión social, democracia social y participación política que lo llevaron a expresarse contra las burocracias partidarias y las elites políticas tradicionales.


Dijo que esa posición plantea desafíos en la democracia social. “Un tema central es la política social, que involucra a los excluidos, como se hace redistribución desde el Estado, esto ha sido algo relevante en los países andinos”, dijo.


Apuntó que no todos votaron por lo mismo, porque hay diferenciaciones entre los países andinos y los países del Sur. La coyuntura suramericana indica que hay una región francamente homogénea, con una especie de marea rosada en la que Venezuela tiene la agenda más radical.


De las  diferencias notables que aprecia entre las izquierdas de los Andes y del Sur, resaltó que las segundas son más institucionalizas y se han desarrollado en un marco de competición política, mientras que las otras son mucho más antisistémicas, producto de los colapsos de  los sistemas políticas preexistentes.


Expresó que en la mayoría de los países hay una búsqueda de autonomía en las relaciones internacionales y un replanteamiento de las relaciones  con Estados Unidos, que van desde una convivencia y una relación amistosa, hasta una agenda de mucho más confrotación y demandante de las diferencias, como es el caso de Venezuela.


En la región hay también, consideró, un proyecto estratégico de integración como pilar fundamental de desarrollo y la búsqueda de una nueva forma de soberanía y geometría del poder.


En el aspecto económico, manifestó que el desafío es construir un nuevo paradigma, que reduzca los niveles de desigualdad en la dimensión necesaria. Esa necesidad es lo que está cambiando la agenda en la región y radicalizando los modos de hacer política en la región.


Hay, dijo, un nacionalismo económico y, sobre todo, un nacionalismo energético y petrolero que hace que los países con más recursos energéticos tengan mayor visibilidad geopolítica y hagan un uso geoestratégico del poder.


Marco Aurelio García subraya las relaciones “excelentes entre Brasil y Estados Unidos”


El consejero del presidente brasileño Ignacio Lula Da Silva afirmó que en su intervención que las relaciones de su país con Estados Unidos son excelentes, aunque haya muchas diferencias y divergencias.


 Recordó la oposición de Lula a la guerra de Irak y el activismo con el que defendió su posición, y a la política comercial norteamericana, que incluyó el rechazo al Tratado Libre comercio de Las Ameritas (ALCA). Manifestó que tales reacciones pudieran indicar que se tiene una relación conflictiva, pero no lo es, “porque es una relación muy franca”. Consideró incluso que ahora ambos países viven uno de sus mejores momentos.


Se refirió a las victorias consecutivas de Lula da Silva y el contexto social, político y económico en el que se produjeron. Dijo que hubo un agotamiento de las expectativas populares frente a las recetas vigentes, fruto del consenso de Washington.


Abordó las razones económicas, subrayando la concentración económica y de poder, la dependencia económica externa, inestabilidad macroeconómica, que estuvieron en la raíz de las crisis sociales que vivió el país.


La respuesta de tipo neoliberal vino tardíamente, en los años 90, recordó, y dejó como herencia un crecimiento mediocre, con un descenso notable del crecimiento mantenido durante 50 años, la caída de la capacidad de industrialización, el debilitamiento del Estado, e incluso la anulación del debate de las ideas, además del aumento de la pobreza, entre otros.


Indicó que Lula ganó en 2002 con una complicación mayor para dar respuesta a los votantes que querían que se rompiera con la inercia en su beneficio. Reconoció que no tenían consciencia plena del desafío al que se enfrentaban, de los límites que tenían,  y que les imponía pasar por un periodo de transición para alcanzar un modelo de desarrollo alternativo para el país.


Esta transición significo enfrentar una serie de problemas de naturaleza económica, social y política. Mencionó la inflación y el trabajo arduo que demando durante cuatro años reducirla sustancialmente, al igual que la tasa de interés (la han reducido del 25 a menos del 14).


Agregó que la inestabilidad económica fue otro reto, junto con una vulnerabilidad fruto del déficit externo que se superó hasta obtener un superavit, fruto del incremento del comercio exterior.


Resaltó el crecimiento en la tasa de empleos, con más de seis millones de nuevos puestos de trabajo, y el avance en la redistribución del ingreso, que ha permitido aumentar la capacidad de compra de la población. También mencionó los planes sociales que garantizan alimentación y educación a familias pobres a través del programa “Hambre cero”, y también proyectos agrícolas y microcréditos dirigidos a productores y pequeños comerciantes de escasos recursos son también, según el funcionario, logros de la gestión.


Pero admitió que hay un problema claro, porque el ritmo de los cambios es todavía muy lento para un país que tiene problemas sociales y dimensiones de esos problemas sociales muy fuertes.


La amplitud de la crisis estructural del país y de los problemas coyunturales que no se han resuelto, esta en la raíz de las transformaciones que son “todavía lentas”.


Las expectativas de la mayor parte de la población era que el país pudiera ponerse en marcha rápidamente y se pudiera avanzar, expresó.


Por otra parte, consideró “normal y saludable” que la emergencia de movimientos populares en la región haya producido situaciones de polarización, la que percibe como parte de la democracia.


“Me parece raro que antes no hubiera un indio en Bolivia, o  que en Brasil no se haya escogido antes a un dirigente metalúrgico”, expresó.


Me parece que eso es fruto del desarrollo democrático en la región, y que va a producir resultados positivos.


Sobre las necesidades regionales, dijo que hay que crear infraestructura que garanticen la conexión y aprovechar los recursos energéticos disponibles para la región tenga su autonomía energética.


Para Suramérica, consideró importante la integración económica y financiera con entes similares al de la Unión Europea para ser más fuertes.


 

 

Fecha de Publicación: 22 de Febrero de 2007  

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