La industria del cine en República Dominicana

28 años después de la histórica proyección de los hermanos Lumière se inicia en República Dominicana la actividad fílmica, con La aparición de Nuestra Señora de La Altagracia , de Francisco Palau (1923). Aunque, dada la tiranía política que dominó al país durante 31 años, no es sino hasta la década de los sesenta que se inaugura propiamente hablando la tradición del cine dominicano.

Esta se ha ido fraguando de manera paulatina a pesar de las precariedades económicas, obstáculo mayor que en nada favorece a un arte de carácter colectivo que demanda grandes recursos financieros y un razonable y armonioso desarrollo de las distintas especialidades artísticas y técnicas que integra.

Las preocupaciones de orden social, político e “identitario” han dominado. Los viajes ilegales, el sueño americano, la opresión política, o el realce de los elementos festivos que el dominicano suele apreciar en sí mismo y en su cultura (merengue, alegría, capacidad para improvisar “soluciones transitorias” a problemas que de este modo quedan sin resolver) han formado parte del núcleo temático de las principales producciones. Películas como Pasaje de ida , Nuebayol , Caña Brava , Perico ripiao , Cuatro hombres y un ataúd , La silla , Negocios son negocios o el Poder del Jefe así lo confirman.

El mayor peso de las actitudes moralizantes, o mejor dicho, el predominio de la necesidad de expresar ciertos mensajes frente a la debilidad en el manejo del lenguaje cinematográfico y de la ficción, ha hecho que la filmografía dominicana prime más por su valor de documento visual y social que artístico.

Y habría que destacar además la natural influencia del teatro y la televisión. Dramaturgos, actores teatrales, comediantes y productores de programas televisivos necesariamente han determinado las virtudes y los defectos de una actividad que en el ámbito local apenas comienza a adquirir un cierto nivel de profesionalidad e independencia.

Están ayudando a dar un carácter más consistente al cine dominicano las producciones de miembros de la diáspora dominicana, la proliferación de festivales (Muestra Internacional de Cine Santo Domingo, el Festival Internacional de Cine de Santo Domingo y el Festival de Cine FUNGLODE), el auge de los ciclos de cine de autor dirigidos por la Cinemateca Nacional y por otras entidades culturales, la creación de la Dirección Nacional de Cine y el fortalecimiento y surgimiento de programas educativos especializados.

María Montés, “Reina del Technicolor”, ha sido la figura nacional que más relevancia ha alcanzado en la cinematografía mundial.