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Costumbres

El trasfondo mágico-religioso
del carnaval dominicano

Hay documentación que certifica la celebración del carnaval en la ciudad de Santo Domingo para el 1520. Había carnaval para la fiesta de Corpus Christi, San Juan Bautista, tres días antes de entrar en la Cuaresma, para el aniversario de la fundación de la ciudad y para todas las grandes conmemoraciones.

Las actividades carnavalescas implicaban desfiles de máscara en la procesión, escenificación teatral en el atrio de la Catedral, cabalga en el atrio de la Catedral, cabalgatas en las calles, juegos de naranjas, con “ojos de cera”, en los balcones y bailes particulares.

En realidad, el carnaval cumplía una función de catarsis, una mezcla de evasión, recreación, compensación, reencuentro y libertad, en una sociedad con un profundo control social que se debatía en la imposición de normas formales desfasadas de su contexto y de la realidad.

Los “excesos” no se hicieron esperar en la medida en que éste se le iba a la Iglesia Católica de la mano comenzó ésta a verlo como un instrumento para la “relajación de las buenas costumbres”. Originalmente, el carnaval fue en Europa una fiesta “pagana” que la Iglesia no pudo eliminar, dedicándose entonces a “cristiniazarla”, cosa ésta que solo logró en la forma, al determinar que éste se realizará tres días antes de iniciarse, la Cuaresma para que así pudieran participar del mismo los católicos.

Incluso con el tiempo, en nuestro medio, el aspecto negativo de su representación simbólica, -el Diablo- pasó poco a poco a ser personaje central, nacional, del carnaval dominicano.

Y aún más, las celebraciones de la “Independencia Nacional” en el siglo pasado, coincidentes o no con el martes antes del Miércoles de Ceniza, fue celebrado con una festividad carnavalesca, tal como ocurría con las grandes celebraciones durante la colonia, ganando de este modo una categoría patriótica, dentro de una dimensión de permanencia. Desde entonces, el carnaval de carnestolenda pasó a ser “el Carnaval de Febrero” o de la “Independencia”, al igual que para la celebración de la Gesta Restauradora, el 16 de agosto. En nuestro país, desde entonces, el carnaval se separó de la liturgia de la Iglesia Católica.

(tomado del libro “Los carnavales del carnaval”, de Dagoberto Tejeda Ortiz. Editado por la Comisión Nacional de Carnaval de la Secretaría de Cultura en 2002)


 

Tradiciones

Candelo y el carnaval
Por qué los espejitos….
Los Guloyas de San Pedro de   Macorís
Las Cachúas de Cabral



...el Diablo pasó a ser un personaje central, nacional del carnaval Dominicano...

 

Candelo y
el carnaval

Cuando a mediados del siglo veinte la clase dominante celebrada un “corso florido carnavalesco” en la calle El Conde, el pueblo realizaba su carnaval en el parque Enriquillo. Llegaban delegaciones de Los Mina, Mandinga, Villa Duarte, Villa Mella y Mendoza, tocando congos y palos, los cuales depositan en mesas/altares unas “casitas” de papel-vejiga, a las cuales los diablos les encendías velitas, depositándole algunas monedas, al tiempo que se encomendaban y eran observados por la reina de cada grupo.

Al otro día temprano, los diablos se reunían de nuevo en el parque Enriquillo y se dirigían a las casa de Anita Caba, la cual, con un pañuelo rojo en la cabeza, entraba en trance en Candelo, y cogiendo agua bendita, las bautizaba a todos, dentro de un despojo ritual.

De ahí pasaban donde Sara, una señora que les preparaba un sancocho de rabo de vaca y en una enramada, donde había un gran altar, les daba un vaso de vino ligado con sangre de animal sacrificado y encomendado a las 21 Divisiones, a fin de que los purificara y los protegiera.

Por eso, disfrazarse era en muchos casos un compromiso y una promesa, parte coherente de una visión del mundo, de unas creencias profundas. Y no eran solo los diablos. Por ejemplo, la protectora de la Comparsa de los Indios de Quisqueya era la famosa “Servidora de Misterios” de Borojol, María Consuelo Gómez, llamada cariñosamente Doña Blanca.

Con el tiempo, en la medida en que el carnaval ganaba identidad con elementos que definien nuestras raíces culturales, se va convirtiendo en un espacio democrático de expresiones culturales mágico-religiosas. Pipí, el Roba la Gallina más famoso de la ciudad capital, no solamente estaba en trance para concluir su personaje, sino que andaba acompañado de su deidad favorita, “Anisia Pie Dantó”. Representada en una muñeca estéticamente adornada con todos sus símbolos y parafernalia.

Mientras los Ga-gá simbolizaban a las 21 Divisiones en sus pañuelos en el Desfile Nacional de Carnaval y escenificaban todos los rituales vudú en sus contextos, se presenta la “Comparsa de las 21 Divisiones” en el carnaval de San Cristóbal, ganando la aceptación del pueblo y el máximo galardón por parte del jurado, año por año, haciendo espacios para mantener el trasfondo mágico-religioso del carnaval.

Por qué los
espejitos….


Además, el mayor trasfondo mágico-religoso del carnaval se expresa en los trajes de los diablos cojuelos llenos de espejitos, que simbolizan a los antepasados; las muñequitas, símbolos del nacimiento, tránsito de lo viejo y la nuevo, y cascabeles, como dimensión de la eternidad.

Además de eso, en la Capital y algunos lugares como el interior del país, muchos de los jefes de Comparsas son “Servidores de Misterios”; salen encomendados a sus Luases, con sus resguardos, y guardarán sus trajes después de sus actividades, concluyendo así el ritual de consagración inciado antes de la primera salida.

El Sábado Santo, en Elías Piña, se acostumbraba a quemar las máscaras del diablo en el campo, recogiéndose sus cenizas y regándose en los sembrados, como un culto a la fertilidad agrícola.

De esta manera, hay un contenido mágico-religioso en el carnaval dominicano, como variable de sincretismo, criollización, que no ha sido lo suficientemente estudiado todavía. (tomado del libro “Los carnavales del carnaval”, de Dagoberto Tejeda Ortiz. Editado por la Comisión Nacional de Carnaval de la Secretaría de Cultura en 2002)

 

ga ga

roba gallinas

 
Los Guloyas de
San Pedro de Macorís


Los cocolos llenan de música, danzas, creencias, bebidas y comidas únicas los campos y las calles de San Pedro de Macorís. En la música y sus danzas es donde está su mayor impacto. Sus bailes están llenos de contenido, recreación, sátira, humor, y su música de ritmo, cadencia, melodía, lírica, sueños y nostalgias. En la representación de las danzas siempre hay un mensaje pedagógico con un profundo contenido social donde se exalta el triunfo del bien sobre el mal, la defensa de la mujer –a pesar que es excluida de sus bailes– y la lucha y triunfo del débil frente al poderoso y del oprimido frente al opresor. La cultura cocola ha enriquecido nuestra identidad nacional para orgullo de San Pedro de Macorís.

Con su corona de sueños que los transporta a las esencias de sus orígenes, su capa llena de lentejuelas y espejitos, donde se reflejan sus raíces y sus ancestros, danzan los Guloyas de la eternidad por los bateyes y calles de San Pedro de Macorís, arrojando estrellas, amaneceres, mariposas, nostalgias y esperanzas.


Las Cachúas de Cabral


El sábado, domingo y lunes después de Semana Santa, en Cabral, Barahona y comunidades cercanas como Peñón, Fundación, Cristóbal, Salinas y otras, encontramos a los Cachúas, con una de las máscaras más hermosas, llenas de colorido, música y movimiento, donde sobresale su cabellera de papel crepé o de vejiga. Con sus fuetes (látigos) se apoderan del pueblo, culminando sus actividades con la quema de Judas-Calié en el cementerio, en una de las ceremonias más impresionantes y significativas de todo el folklore dominicano, el lunes después de la Semana Santa.

  • Bailes y Comparsas
  • Personajes
  • Música del Carnaval
  • Máscaras Veganas
  • Comidas






 

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