Candelo y
el carnaval
Cuando a mediados del siglo veinte la clase dominante celebrada un “corso florido carnavalesco” en la calle El Conde, el pueblo realizaba su carnaval en el parque Enriquillo. Llegaban delegaciones de Los Mina, Mandinga, Villa Duarte, Villa Mella y Mendoza, tocando congos y palos, los cuales depositan en mesas/altares unas “casitas” de papel-vejiga, a las cuales los diablos les encendías velitas, depositándole algunas monedas, al tiempo que se encomendaban y eran observados por la reina de cada grupo.
Al otro día temprano, los diablos se reunían de nuevo en el parque Enriquillo y se dirigían a las casa de Anita Caba, la cual, con un pañuelo rojo en la cabeza, entraba en trance en Candelo, y cogiendo agua bendita, las bautizaba a todos, dentro de un despojo ritual.
De ahí pasaban donde Sara, una señora que les preparaba un sancocho de rabo de vaca y en una enramada, donde había un gran altar, les daba un vaso de vino ligado con sangre de animal sacrificado y encomendado a las 21 Divisiones, a fin de que los purificara y los protegiera.
Por eso, disfrazarse era en muchos casos un compromiso y una promesa, parte coherente de una visión del mundo, de unas creencias profundas. Y no eran solo los diablos. Por ejemplo, la protectora de la Comparsa de los Indios de Quisqueya era la famosa “Servidora de Misterios” de Borojol, María Consuelo Gómez, llamada cariñosamente Doña Blanca.
Con el tiempo, en la medida en que el carnaval ganaba identidad con elementos que definien nuestras raíces culturales, se va convirtiendo en un espacio democrático de expresiones culturales mágico-religiosas. Pipí, el Roba la Gallina más famoso de la ciudad capital, no solamente estaba en trance para concluir su personaje, sino que andaba acompañado de su deidad favorita, “Anisia Pie Dantó”. Representada en una muñeca estéticamente adornada con todos sus símbolos y parafernalia.
Mientras los Ga-gá simbolizaban a las 21 Divisiones en sus pañuelos en el Desfile Nacional de Carnaval y escenificaban todos los rituales vudú en sus contextos, se presenta la “Comparsa de las 21 Divisiones” en el carnaval de San Cristóbal, ganando la aceptación del pueblo y el máximo galardón por parte del jurado, año por año, haciendo espacios para mantener el trasfondo mágico-religioso del carnaval.
Por qué los espejitos….
Además, el mayor trasfondo mágico-religoso del carnaval se expresa en los trajes de los diablos cojuelos llenos de espejitos, que simbolizan a los antepasados; las muñequitas, símbolos del nacimiento, tránsito de lo viejo y la nuevo, y cascabeles, como dimensión de la eternidad.
Además de eso, en la Capital y algunos lugares como el interior del país, muchos de los jefes de Comparsas son “Servidores de Misterios”; salen encomendados a sus Luases, con sus resguardos, y guardarán sus trajes después de sus actividades, concluyendo así el ritual de consagración inciado antes de la primera salida.
El Sábado Santo, en Elías Piña, se acostumbraba a quemar las máscaras del diablo en el campo, recogiéndose sus cenizas y regándose en los sembrados, como un culto a la fertilidad agrícola.
De esta manera, hay un contenido mágico-religioso en el carnaval dominicano, como variable de sincretismo, criollización, que no ha sido lo suficientemente estudiado todavía. (tomado del libro “Los carnavales del carnaval”, de Dagoberto Tejeda Ortiz. Editado por la Comisión Nacional de Carnaval de la Secretaría de Cultura en 2002) |