Trujillo versus Teatro

Un decreto de Rafael Leonidas Trujillo dio vida al Teatro Nacional de Bellas Artes, una edificación emblemática que evidencia la relevancia dada al teatro. El hecho invita a pensar en que esa fue una época de esplendor del teatro. Pero no. Las reseñas hablan de involución. Porque lo que el régimen realmente aupó a través de las representaciones dramáticas que permitió difundir con más o menos frecuencia eran piezas que si bien no se plegaban a sus intereses políticos directamente, acallaban otras que lo criticaban.

El Teatro Escuela de Arte Nacional y la Escuela de Arte Escénico, también de factura trujillista estuvieron bajo la dirección de Emilio Aparicio, quien llegó al país con la pléyade de refugiados españoles y se ocupó de difundir básicamente piezas europeas y norteamericanas,. También los dramaturgos dominicanos tuvieron su espacio, mediatizado por el régimen, en los escenarios totalmente controlados. Entre ellos se encontraban Bienvenido Gimbernard, Pedro René Contín Aybar, Manuel Marino Miniño y Delia Marrero de Munné.

Molinaza hace nuevamente el inventario de publicaciones y escritos con un resultado que revela la embestida que sufrió el teatro dominicano: 54 representaciones en treinta y un años. Un promedio de apenas 1.7 por año.

Pero ya sea por garantizar el circo o por complacer a la oligarquía necesitada del solaz que propicia el arte escénico, las escasas representaciones se caracterizaron por tener gran calidad. Autores como Miguel de Cervantes, Jacinto Benavente, Arthur Miller, José Calvo Sotelo, Miguel Mihura, Albert Camus y Jean Paul Sartre llegaron al escenario supremo del Palacio de Bellas Artes.

Dato extraordinario de la época fue el nacimiento del Cuadro Experimental de Comedias María Martínez, ideado por un grupo de jóvenes del Teatro Escuela de Arte Nacional con la idea de rescatar el teatro local.

Nombres muy conocidos como Máximo Aviles Blonda, Franklin Domínguez Fernández, Luis José Germán y José Sanabia conformaban el grupo que desde su creación –al denominarse con el nombre de la esposa del dictador– buscó hacerse un espacio en tan difíciles circunstancias.

Del teatro escuela salió el Club de Actores, que tuvo como primer director a Santiago Lamela Leger y permitió luego la celebración de la Primera Convención Pro Formación de Cuadros Experimentales de Teatro en República Dominicana. El interés artístico era evidente, tanto como –según los críticos– la mediatización oficial.

En el período trujillista y posterior a la tiranía destaca el auge alcanzado por el teatro radial, que se inicia con las lecturas dramatizadas por el Cuadro Experimental de Comedias María Martínez y sus transmisiones a través de las bandas radiofónicas.

La emisora de radio La Voz Dominicana, luego Radio Televisión Dominicana, se convirtió en escenario sonoro de actores que llegaron a ser verdaderas estrellas del país, como Felipa y Macario.