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La población criolla que conformaron españoles y negros
africanos -los indígenas diezmados dejaron una herencia étnica
apenas identificada con los recursos científicos del siglo XX-
dio origen al mulato dominicano. La mezcla de razas y nacionalidades,
sin embargo, nunca se ha detenido.
La vecindad con Haití convirtió desde siempre la frontera
que separa ambos países en un punto de idas, regresos y permanencias.
En el período que va desde la segunda mitad del siglo XIX hasta
el final de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo (1961) es que se
producen, no obstante, flujos de inmigrantes verdaderamente importantes.
Presenta otras dos vertientes de inmigración fundamentales: la
llegada de braceros de las Antillas y luego de empresarios, campesinos,
comerciantes y refugiados políticos llegados de islas vecinas y
Europa.
La inmigración masiva de braceros de las Antillas es impulsada
por la necesidad de mano de obra barata para la realización de
obras públicas y el corte de caña de la industria azucarera
de capital extranjero que cobra auge a partir del último tercio
del siglo XIX. Es precisamente durante la primera ocupación norteamericana,
entre el 1915 y 1925, que se concentra el mayor número de braceros
importados.
Primero predominaron los procedentes de las Antillas Menores (inglesas),
en especial durante el tránsito del siglo XIX al XX; pero luego,
sobre todo desde el segundo cuarto del siglo XX, los haitianos constituyen
mayoría. Estos últimos no sólo se ubicaron en torno
a los grandes ingenios (La Romana, San Pedro de Macorís, Barahona,
etc.), sino que también se asentaron paulatinamente en el lado
dominicano de la frontera.
Muchísimo menos numeroso que el anterior fue el grupo de empresarios,
campesinos, comerciantes y refugiados políticos. Esta clase de
inmigrantes hizo aportes significativos en lo económico, social
y cultural. En un primer momento estuvo conformado por refugiados políticos
y empresarios impulsados por los procesos de independencia de Cuba y Puerto
Rico. Luego, la Guerra Civil Española y el inicio de la Segunda
Guerra Mundial atrajeron españoles, italianos y alemanes (en especial
de ascendencia judía).
Cabe mencionar también el plan de colonización agrícola
que Trujillo desarrolló a lo largo de línea fronteriza.
A fin de contrarrestar la presencia y asimilación de haitianos
en la zona y garantizar la suficiencia alimentaria, Trujillo desplegó
una campaña para atraer europeos, sirio-libaneses e incluso japoneses
a cambio de tierras que pudieran cultivar.
Desde el derrocamiento del dictador los flujos migratorios se han intensificado.
Los procesos inmigratorios han aumentado y se han acelerado. Hoy es evidente
que la colonia extranjera más numerosa es la haitiana pero también
se aprecia un dinamismo creciente respecto a la entrada de otros extranjeros,
procedentes de Europa, debido al auge del turismo
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