San Lázaro, San Miguel, San Antón y Santa Bárbara
formaban una franja barrial a lo largo de la muralla norte. Presentaban
calles intransitables, lodazales, arrabales, ranchos desvencijados hechos
de palma, adosados a los viejos templos
Pueblo Nuevo y El Centro formaban la franja central. El primero inició
su formación durante esta etapa; la mayor parte de las casas
que lo componían eran ranchos y bohíos, pero buena parte
de sus residentes pertenecían al pequeño comercio (desde
la tienda mediana hasta el ventorrillo), lo que lo hacía el sector
relativamente más pujante. El segundo, El Centro, era el sector
más pudiente a nivel económico y político.
La Misericordia, la zona del convento de Santa Clara y la de la Fortaleza
configuraban la zona sur. Presentaban igual situación que la
franja norte, pero con menor densidad poblacional.
El sector de Ponce (ubicado en los alrededores del Fuerte de San José
y que se extendía a lo largo de la Arzobispo Portes hasta la
esquina de la calle Consistorial) y El Solar de Santa Ana (al este de
la ciudad), conglomerados del bajo mundo urbano de la época:
música, borracheras, pleitos, prostitución, fritangas.
Las zonas urbanizadas a lo largo de las murallas de la ciudad eran
las más míseras. Las casas estaban construidas en tapias
en su mayor parte, desaseadas en sus frentes, puertas, pisos y paredes.