Máscaras y Personajes del Carnaval

Las caretas de los Lechones

Las caretas de Los  Pepines

Lechones

La de Los Pepines es una de las caretas más emblemáticas del carnaval de Santiago y de todo el país.
Tiene los cuernos lisos, puntiagudos, como si te dijeran no te acerques que te clavo, con el subrayado de que soy un lechón, ruidoso, jubiloso, pero de temer. Con esa boca de pato que la pintan de mil colores o la bañan de un solo tono, pero nunca la cambian, para que se sepa que Los Pepines tiene su sello de carnaval a mucho orgullo.

Las caretas de La Joya

El lecho joyero desfila jubiloso con su careta de púas. El pico hacia arriba, ligeramente encorvado, con la base ancha, y los cachos gigantes salpicados de los filosos chifles dan el toque de autenticidad al traje majestuoso. Los colores y la textura responden a un patrón que describe la esencia carnavalera del barrio de La Joya.

Las caretas de Pueblo Nuevo

Vega Ruddy Alexis Rodríguez, caretero de Santiago

Santiago creció y sigue en expansión, pero hubo un momento que se prolongó años en el que los pobladores de nuevos barrios quisieron ser parte del carnaval de la ciudad sin ser joyeros ni pepineros. Y entonces comenzaron a hacer sus caretas de formas diversas, sin las características puras de los barrios emblemáticos que se disputaban el primer sitial caretero.
Florecitas en la punta de los chifles, vejigas multicolores junto a una trompa lisa, colores deslumbrantes con ojos grandes, oblicuos o lo que dicte la imaginación…

Las Caretas de “Fantasía”

El conjunto que forman las caretas de Santiago tiene en las de Fantasía un lugar igualmente relevante. Los artesanos recurren a todo tipo de artilugios para hacer cada año una o más caretas, con cuernos, incluidos, que despierten sensaciones extraordinarias. La creatividad da lugar al uso de múltiples elementos en estas piezas que compiten a nivel local y nacional por premios y reconocimientos


Andrés Alvarez (el Chino): leyenda viviente del carnaval dominicano

Alvarez Andrés Alvarez (el Chino)

Andrés Alvarez (El Chino), sintió el llamado de las caretas, los disfraces y las comparsas a los tres años, cuando su madre, Amparo Medrano, fue Reina del Carnaval. Sesenta años han transcurrido desde entonces y aún lleva el carnaval en la sangre.

A los siete años

A los siete años, se escapaba de la escuela donde estudiaba, en el sector San Carlos de esta capital, para dedicarse a otro tipo de aprendizaje: la elaboración de caretas de carnaval, en el taller del maestro Pérez y Pérez y de los hermanos Sánchez, pagando el consabido precio en “pelas”.

La Primera Careta

La primera careta la hizo para él mismo. Luego, mientras estudiaba, fabricaba caretas que vendía a la Librería de la Rosa, ubicada en la avenida Duarte esquina José Trujillo Valdez (hoy México). Se las pagaban a 50 centavos cada una y eran vendidas a RD$1.50.

Eran caretas artesanales, elaboradas a base de material reciclado, como cartón, desechos de animales y papel periódico, elementos que aún se utilizan para fabricar las de hoy día.

Pero el Chino no se limitó a hacer caretas. También se disfrazaba y salía a la calle a repartir vejigazos en una época en que era una temeridad, debido a múltiples restricciones y prohibiciones que imponía la tiranía de Trujillo.

haciendo mascaras

No Podíamos Participar en Desfiles

“Había dos fechas de carnaval, en agosto, cuando se celebraba el carnaval de la ciudad de Santo Domingo, y en febrero. En el de ese mes no podíamos participar en desfiles porque Trujillo promovía los llamados corsos floridos, unos desfiles de carrozas, con reinas. A nosotros nos llamaban chusma y sucios. La ruta de los corsos floridos era la calle El Conde y terminaba en El Malecón y a nosotros nos autorizaban a recorrer la avenida Mella, desde los bomberos hasta la iglesia Santa Bárbara y llenaban la ruta de policías”, recuerda hoy El Chino.

Había que Pedir Permiso a la Estación de Policía

Era una época en que hasta para disfrazarse había que pedir permiso a la estación de policía más cercana. El Chino y sus compañeros se disfrazaban “a la mala”, estuvieron presos y fueron golpeados. Pero no obstante los pesares, considera que “fue una época hermosa y siempre mantuvimos esa tradición del pueblo dominicano. Era un carnaval sentimental, ya ha perdido esa esencia”.

Pero al tiempo de fabricar caretas y participar en el carnaval, El Chino estudió pintura en Bellas Artes, y artes gráficas y dibujo publicitario en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde también fue catedrático.

Un Hobbie

Para El Chino, elaborar caretas no es un medio de vida, sino un hobbie. Sostiene que en Santo Domingo, ese oficio no es rentable, a diferencia de lo que ocurre en La Vega, donde las caretas de su famoso carnaval toman un año de preparación, debido a la cantidad, el tamaño y los detalles de las mismas.

Precio y Elaboración

De acuerdo a los cálculos de El Chino, el precio de una careta oscila entre los RD$700 y los RD$8,000. La elaboración requiere de un molde hecho de barro o arcilla, al que luego se le pegan varias capas de papel periódico con almidón. Después, se deja secar la careta varios días y luego se saca del molde. El siguiente paso es montarle los cuernos, dientes y colmillos, luego se le aplica la pintura y finalmente se le aplican detalles de terminación.

Generalmente se utilizan dientes y colmillos de cerdo cimarrones que El Chino busca en Villa Mella y que pueden costar RD$250 cada uno, a lo que se agrega el gasto en pulimento.

Los Hijos del Chino

Hoy en día, El Chino aún fabrica caretas y sale disfrazado con toda su familia y hasta su perro, encabezando la comparsa bautizadas como Los Hijos del Chino, compuesta por unas 150 personas, que sale a pie desde la zona oriental y recorre todos los barrios de la capital cada domingo de febrero.

Su comparsa y sus caretas han ganado varios premios nacionales e internacionales y en 2005 fue el Rey Momo del Desfile Nacional de Carnaval. El Chino es también Sub Director Nacional de Carnaval de la Secretaría de Estado de Cultura.